COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO
EL DIFÍCIL PASO PARA LA AUTÉNTICA VIDA
“JESÚS NOS VIVIFICA: Morir es volver al Padre y revolverse contra uno mismo, dejando los endiosamientos, para repoblarse de luz. Por tanto, la muerte es un tránsito del verbo al verso que somos, un sueño que nos aletarga aquí en la tierra y nos anima a ir en busca del poema celeste, del que nunca debimos separarnos. La cruz de Cristo es nuestra cruz, la que nos libera de lo terrenal y nos compromete a ser latido. Sin duda, no hay mejor tañer que seguir su rostro y proseguir su rastro.”

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 21.03.2026
I.- SIEMPRE CON JESÚS;
EN ESPÍRITU ORANTEUno camina para perdonarse y donarse,
para creerse hijo de Dios y reafirmarse,
como fruto del amor y del activo amar;
por el que cohabitamos y concurrimos,
unas veces en lamento y otras en gozo.Con Jesús en nuestra mística recóndita,
todo se sobrelleva y se lleva en unidad,
pues lo sistémico de su andar nos vive;
ya que tanto su hacer, que aflora franco;
como su forjar, es vida en frondosidad.Nuestro amado Señor tiene compasión,
posee afectos y no puede vernos sufrir,
sólo hay que escucharle en el mutismo,
para apreciar que nos custodia siempre;
y así, con sólo nombrarle, ya responde.
II.- CON JESÚS SIEMPRE;
EN VERDAD Y VIDAAcompañados por quien es la realidad,
y la savia de nuestra perene existencia;
por quien venció a la muerte y al dolor,
siendo capaz de dar soplo al desaliento,
y en rescate ofrendar el espíritu eterno.El Salvador nos absuelve de las caídas,
nos libra de todas las penas y punzadas,
poniendo su gran corazón en el nuestro;
únicamente hay que poseer fe y anhelo,
en medio del llanto para olvidar quejas.El Creador nos ha creado para coexistir,
para ser horizonte de sol, no de tumba;
que alumbrarse por cariño nos resucita,
y nos pliega a ser comunión angelical,
con el repliegue del manto de la Madre.
III.- SIEMPRE CON JESÚS;
COMPRENDIENDO SUS GRITOSLos clamores de Jesús son de dominio,
de victoria contra un fenecer que no es,
de parturienta que irradia un nuevo ser;
el laurel de una existencia sin dolencias,
con un revivir para no volver a fenecer.El Resucitado nos conduce a su morada,
nos reconduce y no se cansa de hacerlo,
y somos esperados con paciente espera;
queridos con un apego que nos protege,
hasta el extremo de retornar a la poesía.Renazca, pues, en nosotros el regocijo;
no hay satisfacción mayor que ser faro,
guía de encuentros para reencontrarse;
que hallados es como uno se fraterniza,
para entrar definitivamente en el cielo.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
21 de marzo de 2026