COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO
LA GRACIA DEL ENCUENTRO TRANSFORMADOR
“CON EL RESUCITADO SIEMPRE EN NUESTRO CAMINO: Por distantes, perdidos o inmorales que nos sintamos, no hay trayecto que pueda apagar la fuerza infalible del amor divino. Ningún tropiezo es definitivo, tampoco ninguna noche es perpetua y toda herida tiene su atenuante; lo cardinal es alentarse y alimentarse de la palabra de Dios y de su presencia real eucarística. Transfigurados por su pasión, miramos y nos vemos, nos tocamos y nos nutrimos, fruto de su gloriosa piedad.”

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 18.04.2026
I.- EL PADRE NOS LLEVA HACIA SU HIJO;
PARA QUE ABRAMOS EL CORAZÓNEl hacer como el obrar nos bucea,
nos llama a seguir los horizontes,
proyectados por quien es Verdad;
ávido en reavivar nuestros pulsos,
sin que se nos paralice el corazón.El Vivificado anda a nuestra vera,
se vuelve colaborador en el andar,
compañero de tristezas y alegrías,
acompañante al calor de la dicha;
pues reparte aliento y parte el pan.Vayamos a los encuentros unidos,
siempre próximos con el prójimo,
para encauzar espacios armónicos,
que la búsqueda está en lo vivido,
y la rebusca en aprender de Jesús.
II.- INVOCAR EL FULGOR DEL ESPÍRITU;
COLMA NUESTRO DESEO DE AMORLa sangre libertadora nos purifica,
nos alivia de todos los precipicios,
nos alumbra con su luz redentora,
nos seduce con su fuego de amor,
mejorando pasos y curando males.No hay mejor custodia que Cristo,
que abrazarnos a Él en el suplicio,
de modo que la fe nos robustezca,
y nuestra esperanza se vuelva sol,
en este mundo de mil oscuridades.Esta señal debe hacernos meditar:
su martirio es un signo de alianza,
la mejor letra para ser derramada,
esparcida como sanación perenne,
para la absolución de los pecados.
III.- EL SANTÍSIMO NOS LLENA DE ILUSIÓN;
DIOS ESTÁ SIEMPRE CON NOSOTROSEn un mundo cargado de dolores,
que parece haber perdido su alma;
ir a celebrar en comunión la savia,
de los que en el Salvador creemos,
conlleva recibir día a día este don.Cada Eucaristía es una evocación,
de la cruz pascual que nos redime,
con su vocación activa de anhelos;
sólo hay que disponerse a renacer,
siguiendo el rastro del Resucitado.Él es el hálito vivo caído del cielo,
depósito de la divina gloria futura,
que nos rejuvenece por aquí abajo,
y nos hace aguardar la vida eterna,
con la alegría de regresar al Padre.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
18 de abril de 2026