COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

PERDONAR DE CORAZÓN; PARA PODER SER PERDONADO

 

 

“ABIERTOS A LA COMPASIÓN Y A LA BONDAD: Jesús nos estimula a despejar el camino de la indulgencia, porque no todo en el proceder se resuelve con la justicia; es necesario poner en práctica ese amor misericordioso, más divino que humano. Sabemos que absolver no es fácil, pero el rencor nos daña y nos pasa factura. Tampoco el Padre puede condonar nuestras ofensas, sí nosotros no somos capaces de excusar, a los hermanos nuestros que nos ofenden.”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 12.09.2026


 

 

 

I.- EXTENDER Y ACEPTAR EL PERDÓN;
POR AMOR DE AMAR AMOR

Estamos llamados a cultivar el corazón,
a querernos y a seducirnos sin excusas,
vertiendo en cada trayecto la gratuidad
de la misericordia, el perdón sin lindes,
la benignidad como razón de lenguajes.

Así, para perdonarse hay que perdonar,
como para darse antes hay que amarse,
y para amarse antes hay que estimarse;
pues el aprecio vive en el brío donante,
que todo lo brinda y también lo siente.

La caridad ha de ser nuestro sembrado,
y nuestra labranza en cada movimiento;
una actitud permanente en nuestro ser,
que ha de tomar como respiro viviente,
el eximir siempre para poder excusarse.

 

 

II.- EXTENDER Y ACEPTAR LA MANO;
POR DESEO DE QUERERSE Y DE QUERER

Nunca vaciles en extender la asistencia,
y tampoco titubees en permitir la mano
que otro te dan, juntos nos reavivamos;
nada somos por sí mismos en el camino,
precisamos hallarnos unidos y reunidos.

El hombre se crece cuando se arrodilla,
cuando se pone en alerta para socorrer,
y se asienta por puro amor en acogida,
sin requerir nada a cambio, por piedad,
que acompañar y perdonar es grandeza.

Ninguno de nosotros vive por sí mismo,
todos somos parte de la poética celeste;
en lugar de acusarnos, disculpémonos;
embellezcámonos siendo más del cielo,
que de la tierra y más soplo que cuerpo.

 

 

III.- EXTENDER Y ACEPTAR LA INTERCESIÓN:
POR REFUGIO, SALUD Y CONSUELO

Confiarse y encomendarse a la maternal,
mediación de la Madre de Dios es vida;
una vida que se enciende por la bondad,
y se ilumina por la verdad del corazón,
abierto al espíritu piadoso como purga.

Esto comporta a renunciar como María,
desde el aliento inmaculado a todo mal,
al derecho de la venganza que enfurece,
y a negarse a que el rencor nos domine,
y siga encadenando nuestra paz interior.

Ella, como luz y causa de nuestro gozo,
nos hará ver que estamos para conciliar,
para sentirnos redimidos de toda carga;
fuera del riesgo de la omisión anímica,
y dentro de la certeza de su fiel cautela.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
12 de septiembre de 2026