COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

EN PLENA COMUNIÓN CON DIOS, CAMINO DE LA PUERTA DEL CIELO

 

 

“UN SOLO CUERPO EN CRISTO: Nuestro Misticismo es obra del amor divino, manifestado en el Crucificado; nuestro Salvador, que nos consagra amándonos en nuestras miserias y redimiéndonos de ellas. Bendito sea Jesucristo, junto con el florecimiento de los santos, que pueblan este valle de lágrimas socorriéndonos, haciendo de su vida una alabanza a Dios. A María, encomendamos nuestra peregrinación hacia la patria celestial, mientras invocamos su maternal intercesión.”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 31.10.2026


 

 

 

I.- LA IGLESIA TRIUNFANTE:
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

La santidad es un don y una llamada,
es un acoger y un recoger el espíritu,
que habita en nosotros cada jornada;
justo desde el momento del bautismo,
que recibimos la semilla de la virtud.

Injertados en Cristo, en plena alianza,
igual que el sarmiento lo está a la vid,
adquirimos conciencia de que, sin Él,
nada somos y por eso lo necesitamos,
como yemas de Dios que llameamos.

Venga a nosotros su venerable campo,
y que el glorioso reino sacro nos viva,
no vayamos a tropezar con la traición.
Libéranos Maestro del perverso mal,
por mediación de María y los santos.

 

 

II.- LA IGLESIA PURGANTE:
MEMORIA DE LOS FIELES DIFUNTOS

La fe cristiana, laboriosa en la Pascua
de Cristo, nos reanima a conmemorar;
a vivir la retentiva, reencontrándonos;
más que como un recuerdo al pasado,
como una esperanza futura de dichas.

No es tanto un volverse hacia detrás,
sino más bien un ojear hacia delante,
hacia la meta de nuestra viaje vivido,
hacia el edén que Dios nos encamina,
hacia la fiesta sin fin que nos aguarda.

Al final de este lance por aquí abajo,
nos recrearemos entre sí y con Jesús,
que nos llevará al Padre, tras el túnel
de la muerte, aplacando un esplendor
de luz, con la depuración de los aires.

 

 

III.- LA IGLESIA PEREGRINA:
NOSOTROS EN BEATÍFICO ITINERARIO

Bajo este clima vital todo se reaviva,
los andares se mueven hacia sueños,
los pasos según los pozos sensitivos;
perceptivos con la espiración devota,
que todo lo une en amor y en el amar.

Los limpios de corazón serán el latir
eterno, el pulso que no cesa de gozar,
porque los espíritus bienaventurados,
serán fuente de luz y contemplación,
pues lo celeste anidará en su mirada.

Que sea la visión del alma el aspirar,
para poder inhalar al pie de la Cruz,
el drama de la expiración de Cristo;
y, así, llegar a sentir su resurrección,
sin poseer recelo por volver al edén.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
31 de octubre de 2026