Cartas al Director
Perder Ganando
Ganar sin mayoría no es gobernar: es depender.
“En política, lo importante no es tener razón, sino contar con los votos.”
Otto von Bismarck

César Valdeolmillos Alonso | 09.02.2026
El Partido Popular vuelve a ganar, pero no logra gobernar sin depender de quien pretendía neutralizar. Mientras el PSOE retrocede de forma casi estructural, VOX crece y consolida su papel decisivo. Los datos no dejan espacio a interpretaciones complacientes: cada convocatoria refuerza la dependencia parlamentaria del PP respecto a su socio incómodo. La cuestión ya no es quién gana las elecciones, sino quién está en condiciones reales de gobernar.
Las elecciones autonómicas celebradas en Aragón el 8 de febrero de 2026 no fueron una cita ordinaria con las urnas. Fueron consecuencia directa de una decisión política. El presidente autonómico, Jorge Azcón, disolvió anticipadamente las Cortes tras constatar el fracaso de las negociaciones presupuestarias con VOX. No hubo acuerdo para aprobar los Presupuestos de 2026, y sin cuentas públicas y sin mayoría estable, el Gobierno optó por devolver la palabra a los ciudadanos.
No quedaba otra salida habida cuenta de la dependencia política de VOX. El Partido Popular estaba obligado a buscar el reforzamiento de su posición parlamentaria para gobernar sin depender de terceros. La aritmética de la legislatura hacía incómodo el equilibrio. La salida elegida fue intentar ampliarlo en las urnas.
El resultado fue el contrario al esperado.
En las elecciones anteriores, el PP había obtenido 28 escaños en las Cortes de Aragón. En esta convocatoria descendió a 26. Perdió representación. No amplió su base. No alcanzó la mayoría absoluta situada en 34 escaños. La operación diseñada para consolidar poder terminó reduciendo el margen.
Mientras el PP retrocedía, VOX protagonizó el movimiento estructural más significativo de la jornada. Pasó de 7 a 14 escaños. Duplicó su representación. En porcentaje de voto, ascendió aproximadamente del 11 % al entorno del 18 %. No se trata de una oscilación marginal. Es una consolidación.
La lectura electoral que dejan esos números es difícil de maquillar: el discurso del PP no solo no ensancha su base, sino que empieza a desencantar. En 2023 el PP reunió 237.817 votos; en 2026 baja a 224.797. Son 13.020 votos menos. En el mismo movimiento, VOX pasa de 75.349 a 117.347 votos (+41.998). Dicho de forma sencilla: parte del espacio que el PP aspiraba a consolidar no le ha sido fiel y, en vez de reforzarlo, la convocatoria anticipada ha terminado facilitando que el socio incómodo crezca y se vuelva determinante.
La consecuencia es inequívoca: la dependencia parlamentaria del PP respecto a VOX es ahora mucho mayor que antes de la disolución de las Cortes aragonesas. Antes de la convocatoria, el entendimiento era necesario. Ahora es imprescindible. Se convocó para evitar la subordinación aritmética. Se ha salido con una subordinación más intensa.
Este patrón no es exclusivo de Aragón. Que el PSOE retrocede en cada convocatoria es un dato asumido, casi estructural, que ya no altera el análisis. El problema no es ese. El problema es que el PP gana, pero no puede gobernar sin VOX. Y cuando se analiza la evolución electoral de ambos, la tendencia es inequívoca. El PP mejora ligeramente, resiste, e incluso retrocede, pero no consigue emanciparse. VOX, en cambio, crece con mayor intensidad relativa y amplía su peso parlamentario. En Aragón el PP pierde votos y escaños mientras VOX duplica su representación; en Extremadura el PP avanza, pero el crecimiento de VOX es proporcionalmente mayor que su capacidad de absorber el desgaste socialista. La consecuencia es clara: en cada cita electoral aumenta la dependencia del PP respecto a VOX. No se reduce. Se consolida.
Ese fenómeno es clave para entender la situación. El PSOE pierde apoyo, pero el PP no logra capitalizarlo. No estamos ante un desplazamiento ideológico masivo, sino ante una desmovilización. Una parte del votante tradicional socialista se muestra incómoda con la evolución de la política nacional y decide no participar. No cruza de bloque. Se retira.
Hay que decirlo sin rodeos: recoger la abstención ajena no es conquistar electorado. Son dinámicas distintas. El PP ha mejorado históricamente en contextos de fuerte desgaste socialista. Sus mayorías absolutas coincidieron con crisis severas del adversario. No fueron expansiones estructurales profundas, sino respuestas a agotamientos ajenos.
Cuando el desgaste se estabiliza, el techo aparece.
En ese espacio intermedio crece VOX. El fenómeno responde a una lógica conocida: en escenarios de incertidumbre institucional, fragmentación territorial y desconfianza hacia los consensos tradicionales, una parte del electorado busca mensajes simples, directos y sin ambigüedades. La política se convierte en péndulo. Cuando el centro se percibe difuso, los extremos ganan nitidez.
Se puede estar o no de acuerdo con sus planteamientos, pero lo que es claro es que VOX ofrece claridad discursiva. Puede gustar o no, pero proyecta definición. El PP, en cambio, ha operado con frecuencia en clave reactiva. Ha respondido a la agenda del Gobierno central y a los movimientos del adversario. Ha administrado tiempos. Ha evitado rupturas internas. Esa prudencia institucional puede ser comprensible, pero electoralmente deja espacios abiertos.
El precedente más claro está en las elecciones generales de 2023 en España. El Partido Popular fue la fuerza más votada. Ganó en escaños. Sin embargo, no logró articular una mayoría suficiente para gobernar. La victoria numérica no se tradujo en poder ejecutivo. La fragmentación del bloque alternativo lo impidió.
Ese precedente no es anecdótico. Fue una advertencia estructural.
Mientras tanto, Pedro Sánchez abrió una etapa inédita al consolidar acuerdos parlamentarios con fuerzas que cuestionan elementos centrales del modelo territorial vigente. Entre ellas, EH Bildu, coalición de la izquierda abertzale en la que se integran dirigentes procedentes del entorno político de la antigua ETA. La gravedad política del pacto no reside solo en su contenido, sino en el precedente: antes de esos acuerdos, Sánchez había negado públicamente en entrevistas y declaraciones reiteradas que fuera a pactar con Bildu, llegando a afirmar en 2019: «Con Bildu no vamos a pactar. Si quiere se lo repito veinte veces». Sin embargo, sus votos resultaron determinantes para la investidura y para la aprobación de iniciativas clave de la legislatura. Esa estrategia, discutida por una parte relevante de la opinión pública, ha demostrado eficacia aritmética para sostener mayorías. Puede criticarse su contenido, pero no puede negarse su utilidad parlamentaria.
Frente a ese escenario, la alternativa no puede basarse en esperar el desgaste ni en competir por la hegemonía interna del mismo espacio ideológico. Si PP y VOX no articulan un marco estable de entendimiento —sea mediante integración, pacto estructurado o delimitación clara— el resultado será repetido: suma insuficiente o bloqueo.
Aragón lo confirma con datos. El PP baja de 28 a 26 escaños. VOX sube de 7 a 14. El PSOE retrocede sin que se produzca ninguna transferencia hacia el PP. La fragmentación se intensifica. La gobernabilidad depende aún más de acuerdos complejos.
No es una anomalía. Es una tendencia.
El Partido Popular es la única fuerza con implantación territorial amplia, estructura institucional consolidada y capacidad demográfica suficiente para liderar una alternativa nacional estable. Esa posición conlleva responsabilidad histórica. Liderar implica ordenar el espacio propio, no competir permanentemente por su interior.
La ambigüedad prolongada no construye mayorías. Las diluye. Convocar elecciones para fortalecer una posición y salir debilitado es una señal de error estratégico. Persistir en la misma lógica convertiría ese error en patrón.
Si no hay autocrítica profunda, si no se redefine la estrategia y si no se asume que ganar votos no equivale automáticamente a gobernar, el resultado será reiterado.
Seguir ganando elecciones sin que los resultados le permitan gobernar no es una victoria. Es una forma lenta de derrota.
César Valdeolmillos Alonso