Colaboraciones

 

Lectura de libros

 

 

26 abril, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

El hecho de que no exista un índice de libros prohibidos no da licencia para leer lo que sabemos ofende a Dios.

La Santa Sede dio normas específicas acerca de la lectura de libros que son peligrosos a la fe católica o a la moral cristiana. Estas normas se codificaron en el Código de Derecho Canónico actual, en los cann. 831 y 832.

Que cada uno sepa rechazar cualquier lectura (y esto vale para cualquier programa de radio, televisión, cine, Internet, música, etc.) que pueda implicar un daño a la propia adhesión a Cristo o al compromiso decidido para servir al prójimo según la justicia y la caridad cristianas.

Así, cualquier lectura que ataque la religión, o promueva el odio a personas o a razas (lecturas, por ejemplo, que inciten al antisemitismo, al odio hacia los miembros de otras naciones, al desprecio de los pobres), o que calumnie a los demás, o que promueva comportamientos sexuales pecaminosos, o que defienda posiciones complicadas y confusas a la hora de orientar la propia fe y la vida moral, o que inciten a la violencia y a las guerras, son lecturas que el cristiano, por mantener su fidelidad a Cristo, no debe hacer, a no ser que se vea en la obligación de conocer algún libro o programa actual para poder iluminar a otros cristianos sobre el peligro que allí se encuentra.

 

Lectura de la Biblia

Según el Catecismo de la Iglesia y el Concilio Vaticano II, la Sagrada Escritura es la palabra de Dios puesta por escrito por el soplo del Espíritu Santo. La Biblia consta de 72 libros en el Nuevo y el Antiguo Testamento, confirmados por la Iglesia en el Concilio Provincial de Hipona en 393, como canónicos (o de inspiración divina). La Sagrada Escritura no es solamente la guía de nuestra salvación, de la que fluye virtualmente toda la teología y práctica católicas, sino que también es la base de la cultura cristiana.

Sin la Biblia nos reduciríamos a simples adoradores de la naturaleza, o algo peor. Parafraseando el Catecismo: “La verdad que Dios ha revelado para nuestra salvación, la ha confiado a la Sagrada Escritura”. Pero como el Espíritu Santo ha trabajado por medio de autores humanos quienes han usado muchas formas literarias para comunicar el Mensaje, es comprensible que acudamos sobre todo a la Iglesia para guiarnos en la interpretación correcta.

La lectura de la Biblia es imprescindible para el católico del siglo XXI, que tiene a su alcance posibilidades que no se tuvieron en otras épocas de la historia. Recordemos las palabras de san Jerónimo: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo”.