Colaboraciones

 

Los valores, el motor de nuestra vida

 

 

10 septiembre, 2021 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Vamos a hablar de los tesoros que nos hacen crecer como personas y que nos acercan a Dios. Estos son los valores. Veremos, también, qué y cuáles son los valores universales. Encontraremos en la familia a la mejor escuela donde aprender a vivirlos. reconoceremos que los antivalores son los que nos alejan de Dios y aprenderemos a distinguirlos de los verdaderos valores.

¿Qué vale más en la vida: los lujos, comodidades y la deshonestidad, o las carencias económicas pero ganadas honradamente, la tranquilidad de conciencia y un matrimonio feliz?

Lo que más vale en la vida es aquello que me haga ser mejor persona, y no aquello que me haga tener más cosas.

 

La Iglesia nos enseña

¿Qué es un valor?

Un valor es cualquier cosa que me resulta un bien para mí. Por simple que sea esta, será valiosa para mí si me permite hacer algo que me parezca provechoso.

Por ejemplo, para un padre, el estar el domingo en la mañana con su esposa y sus hijos, convivir con ellos, dedicar su tiempo a la familia tiene un valor. Entonces, se esforzará por lograr esa convivencia familiar. Se levantará temprano, preparará todo lo que se necesite para disfrutar sus horas de descanso en compañía de su familia. Para él, el tiempo dedicado a su familia es un valor.

Otro padre de familia tendrá, posiblemente, otro valor que le mueva a emplear el mismo tiempo del domingo para otras cosas. Por ejemplo, dedicar la mañana a convivir con sus amigos, ver el fútbol, divertirse sin su esposa y sin sus hijos. Él también se esforzará para lograrlo. Le importa más su propia diversión que la convivencia familiar. Prefiere a sus amigos. Ellos son un valor más importante para él.

En los dos casos, se puede decir que se están viviendo los valores. Para cada uno de ellos las posibilidades que les da la mañana del domingo son diferentes. El primero busca convivir con los suyos. El segundo busca divertirse con sus amigos.

Los valores son el motor de nuestras vidas. Son esos bienes hacia los cuales tendemos.

Sean grandes valores que realmente nos importen, sean mínimos que no tengan importancia o, por el contrario, que en vez de ayudarnos nos destruyan.

Los verdaderos valores siempre producen un crecimiento.

Estos últimos valores que nos hacen mal, que no nos ayudan a crecer como personas, que nos alejan de Dios, los llamaremos antivalores.

 

¿Qué son valores universales?

Los valores que realmente valen la pena para todas las personas, que nos ayudan a ser mejores y nos acercan a Dios.

Si recuerdas que los seres humanos existimos para ser mejores como personas cada día y servir mejor a los demás y para alcanzar la vida eterna, verás que los valores universales son aquellos que te ayudan a lograrlo.

 

¿Cuáles son los valores universales?

1. Las virtudes humanas: son aquellos hábitos que nos ayudan a vivir mejor cada día. que nos ayudan a crecer como personas, como la honestidad, la responsabilidad, el servicio, la fidelidad, la justicia, la generosidad, la paciencia, la bondad, etc. Tristemente muchas de las virtudes humanas hoy día no se viven, pues el mundo está lleno de injusticias, de irresponsabilidades, de infidelidades, de egoísmo.

2. Los valores absolutos: son los que nunca han de cambiar. Son parte de nosotros mismos. Algunos de ellos son: la vida, la dignidad de todas y cada una de las personas, la verdad, el bien, etc. Por tanto, el aborto, la mentira, la violencia son antivalores.

3. Los valores cristianos: son aquellos que Dios ha querido enseñarnos, como la humildad, la abnegación, la caridad fraterna, la santidad, la castidad por amor a Dios, etc. Todos ellos son la corona del cristiano.

 

¿Cómo distinguir un valor de un antivalor?

Pregúntate con sinceridad: Esto que voy a realizar, ¿me acerca a Dios? ¿Me ayuda realmente a ser mejor persona? ¿A quién amo al realizarlo? Si te ayuda a ser mejor, a acercarte a Dios y a amar más a los demás, entonces es un valor. Si te aleja de Dios, si te hace ser peor, si no te ayuda a amar más y mejor a los demás, es un antivalor.

 

¿Cuál es la mejor escuela donde aprender a vivir los valores?

Sin lugar a dudas, la familia es la mejor escuela donde se aprenden a vivir los grandes valores. La familia es ese lugar querido por Dios donde aprendemos a ser personas. En el hogar es donde nos ejercitamos y vivimos los valores universales. La familia es la mejor escuela de la formación de las personas.

En la familia se aprende a ser amado, a ser generoso, a ser fiel; ahí mismo aprendemos a amar a la Patria; en ella se aprende a amar a Dios, a ser responsable, a compartir.

¡Qué importante es la familia!

¿Recuerdas aquel episodio donde Jesús se encuentra con Marta y María, dos amigas de Él? María escoge quedarse con el Señor, escuchando su palabra, mientras que Marta se preocupa por los afanes de la casa (Lucas 10, 38-42).

Jesús nos dice en Mateo 6, 19-21 que nuestros ojos estén puestos en los tesoros del cielo, no en lo que se acaba y corrompe. Donde esté nuestro tesoro, nuestros valores, ahí estará nuestro corazón.

En Lucas 12, 13-21 Jesús nos habla del avaro que atesoró en la tierra. Pronto le llegó la muerte: ¿De qué le sirvió tanta riqueza?

 

Cuida el tesoro de tu fe

Ten mucho cuidado con los valores que te ofrece el mundo. Son verdaderos antivalores, pues te apartan de Dios. Este mundo nos ofrece el placer, el sexo desenfrenado, la comodidad, la envidia, el querer tener más cosas, el despreciar a los demás, el divorcio, la violencia, la pornografía, la infidelidad, el egoísmo.

¿Qué es lo que más importa en la vida? ¿Acaso no es aquello que te lleva a Dios? El mundo quiere que no nos acerquemos a Él. El auténtico y verdadero cristiano tiene su más gran valor, su tesoro, en el cielo. Y cuidará de él con todas sus fuerzas.

¿De qué sirve ganar todo el mundo si perdemos el alma? No te dejes engañar. Pregúntate siempre: esto que voy a hacer, ¿me acerca más a Dios? ¿Me ayuda a ser mejor persona? ¿Ofende mi dignidad o la de los demás? ¿Qué haría Jesucristo en una circunstancia como la que yo tengo ahora?

En la celebración de las vísperas del sábado 27 de septiembre de 2009, por la tarde, con los obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y miembros de movimientos laicales en la Catedral de los Santos Vito, Venceslao y Adalberto de Praga, el Papa Benedicto XVI resaltó la urgente necesidad del compromiso de los miembros de la Iglesia «para reforzar los valores espirituales y morales en la vida de la sociedad actual».

En su homilía el Santo Padre señaló que «amar a Cristo y a los hermanos debe ser la característica de todos los bautizados y de todas las comunidades». Por ello animó a los presentes a «alimentar el amor de Cristo con la oración y la escucha de su palabra; nutríos de Él en la Eucaristía, y sed, con su gracia, artífices de unidad y de paz en todos los ambientes».

Benedicto XVI subrayó que «tras el largo invierno de la dictadura comunista, vuestras comunidades cristianas, han vuelto a expresarse libremente». Sin embargo, añadió, «os dais cuenta de que hoy no es fácil vivir y testimoniar el Evangelio. La sociedad tiene todavía las heridas causadas por la ideología atea y a menudo está fascinada por la mentalidad moderna del consumismo hedonista, con una peligrosa crisis de valores humanos y religiosos y la deriva de un relativismo ético y cultural difundido».

«En este contexto, es urgente un renovado compromiso por parte de todos los miembros de la Iglesia para reforzar los valores espirituales y morales en la vida de la sociedad actual», exhortó.

«Que vuestras actividades pastorales dediquen energías al campo de la educación de las nuevas generaciones. Que las escuelas católicas promuevan el respeto del ser humano, presten atención a la pastoral juvenil también fuera del ámbito escolar, sin descuidar a los otros fieles. ¡Cristo es para todos! Espero que haya un mayor entendimiento con las otras instituciones, tanto públicas como privadas».

«La Iglesia —siempre es útil repetirlo— no pide privilegios, sino únicamente poder obrar libremente al servicio de todos y con espíritu evangélico», precisó luego el Santo Padre

El Papa alentó a los obispos y sacerdotes a «trabajar incansablemente por el bien de los que han sido confiados a su cuidado» y recordó que los consagrados, «con la profesión de los consejos evangélicos recordáis el primado que Dios debe tener en la vida de todos los seres humanos y viviendo fraternalmente testimoniáis qué enriquecedor es la práctica del mandamiento del amor».

Finalmente, el Papa pidió a los jóvenes seminaristas que se preocupen por «adquirir una sólida preparación cultural, espiritual y pastoral». Que, en este Año Sacerdotal, concluyó, «la figura del Santo Cura de Ars, un pastor totalmente entregado a Dios y a las almas, consciente de que precisamente su ministerio, animado por la oración, era su camino de santificación, sea un ejemplo para vosotros».