Colaboraciones

 

Evolucionismo

 

 

 

 

13 noviembre, 2022 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

El alma humana implica una creación directa por parte de Dios.

La teoría de que Dios se sirvió del cuerpo de un mono para hacer al primer hombre se llama evolucionismo. Esta teoría no está condenada por la Iglesia, desde la fe y la filosofía no hay inconveniente en admitir la teoría de la evolución. La respuesta de la veracidad de esta teoría nos la debe dar la ciencia, pues hasta el momento no deja de ser eso, una teoría. De hecho, la teoría de la evolución no elimina la necesidad de una inteligencia ordenadora. Admitir el orden de este mundo y no preguntarse por su causa, es como encontrarse un televisor en lo alto de un monte y atribuirlo a la casualidad. Los textos de la Biblia no tratan de darnos una explicación científica del modo cómo fueron hechos Adán y Eva, sino algo mucho más profundo: el hombre es obra de Dios y la mujer de la misma naturaleza que el hombre.

Pío XII, en la encíclica Humani generis, declaró que, en línea de principio, no hay oposición entre la teoría de la evolución y la doctrina de la fe sobre el hombre, si se respetan ciertas condiciones.

La cuestión del evolucionismo, desde el punto de vista de la explicación natural, sigue abierta, que conviene no confundir los diversos planos que están implicados en la misma (el científico, el filosófico y el religioso), y que no hay por qué temer el auténtico progreso de la ciencia, pues en definitiva «la verdad no puede contradecir a la verdad».