Colaboraciones

 

La evolución no puede ser tomada sin más como “un hecho”

 

 

 

 

14 noviembre, 2022 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

Para que una teoría científica sea válida, debe ser verificable. Si esta no corresponde a los datos que pretende explicar, entonces no es válida; debe replantearse.

Hay que tener en cuenta que, si bien la evolución puede ser considerada como una hipótesis seria, e incluso «más que una hipótesis», sin embargo, no puede ser tomada sin más como «un hecho», como algunos pretenden. Se trata, más bien, de una teoría científica, la cual trata de interpretar y de relacionar una serie de hechos científicos. Sólo contamos con indicios que parecen apuntar hacia esa dirección, pero no tenemos evidencia experimental de su realidad.

Por otra parte, hay que reconocer con honestidad intelectual que la teoría de la evolución se enfrenta con serios problemas, tanto de índole científica (por ejemplo, el hecho de la estabilidad de las especies, la lentitud o la aceleración en la aparición de nuevas especies, etc.), como de índole filosófica (hay que esclarecer cómo se compagina la teoría de la evolución con el principio de causalidad, la regularidad de la naturaleza, la pasividad de la materia, la discontinuidad entre lo inerte y lo viviente, o entre lo material y lo espiritual...).

La teoría de la evolución ha impulsado a los científicos a investigar y profundizar en diferentes ámbitos (biología, paleontología, geología, ecología, genética, embriología, anatomía comparada…). Al mismo tiempo, empero, hay que tener en cuenta los puntos débiles de la teoría de la evolución: faltan muchos «eslabones» en la cadena evolutiva, prácticamente se desconocen los verdaderos «mecanismos» de la evolución; la selección natural se muestra insuficiente para explicar el proceso evolutivo, lo mismo que el recurso a la casualidad.

También hay que tener en cuenta los diversos contextos filosóficos en los que la teoría de la evolución se sitúa.

Prudencia y equilibrio, evitando el doble peligro que nos acecha: por una parte, el de un juicio precipitado, por otra, el de una postura indecisa, concordista o ambigua. Esta posición prudente nos librará de incurrir en un nuevo «caso Galileo», cuyas perniciosas consecuencias podemos imaginar fácilmente.

Pensamos justificado afirmar que la cuestión del evolucionismo, desde el punto de vista de la explicación natural, sigue abierta, que conviene no confundir los diversos planos que están implicados en la misma (el científico, el filosófico y el religioso), y que no hay por qué temer el auténtico progreso de la ciencia, pues en definitiva «la verdad no puede contradecir a la verdad».