Colaboraciones

 

Sobre el Papa Benedicto XVI (y III)

 

 

 

28 abril, 2023 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Por el contrario, el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. El Papa no debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse y vincular a la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, ante los intentos de adaptarse y aguarse, así como ante todo oportunismo.

El Papa es consciente de estar ligado a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos, a las interpretaciones vinculantes desarrolladas a través de la peregrinación de la Iglesia. Su poder no está por encima, sino que está al servicio de la Palabra de Dios, y sobre él pesa la responsabilidad de hacer que esta Palabra siga haciéndose presente en su grandeza y resonando en su pureza, de manera que no se haga añicos con los continuos cambios de las modas.

La cátedra es símbolo de la potestad de enseñanza, que es una potestad de obediencia y de servicio, para que la Palabra de Dios, ¡su verdad!, pueda resplandecer entre nosotros, indicándonos el camino.

El Papa debe ligarse a sí mismo a la Iglesia para obedecer la palabra de Dios cuando se enfrenta a todos los intentos de adaptar, y al oportunismo. Eso fue lo que hizo Juan Pablo II cuando, frente a interpretaciones erróneas de la libertad, subrayó de un modo inequívoco la inviolabilidad del ser humano, de la vida humana desde la concepción a la muerte natural.

Benedicto XVI no estuvo en Babia y supo muy bien cuál debió ser la postura de la Iglesia en ese momento, muy lejos de utópicas alianzas de civilizaciones.

Benedicto XVI no era un teórico sino un teólogo. Santo Tomás utilizaba a Aristóteles y Benedicto XVI utiliza a Kant. Ratzinger dice que la Iglesia es Cristo. Y que Cristo es verdad y caridad que confluyen y se identifican porque la caridad sin la verdad es ciega y la verdad sin la caridad es vacía.

La Iglesia se entiende por la teología. Es lo que dignifica al catolicismo. El catolicismo sin teología no se distingue de los mormones absolutamente en nada.

Ratzinger dijo que la Iglesia no es democrática sino sacramental y jerárquica.

El único programa que tiene el Santo Padre es «hacer la voluntad de Dios».

El Primado de Pedro en la Última Cena explica su esencia (la del Primado): Cristo en los Evangelios confío a Pedro un papel preeminente entre los apóstoles que consiste en garantizar la unidad en la Iglesia.

Benedicto XVI no se detuvo en recordar obligaciones sino en hacer notar la belleza que hay detrás de la vocación de madre y, consecuentemente, de educadora; ante la exposición reaccionaria de ciertos grupos que se oponen a la realización de la mujer en el hogar, la familia, el matrimonio, la maternidad, el Papa hizo ver con delicadeza y afecto de padre y pastor cuán lejos está la mujer que no corresponde a su misión natural.

Todos tenemos la misma dignidad de fondo, aunque cada uno con funciones específicas.

La Iglesia no se puede entender al modo democrático y meramente político.

El sacerdocio se ha llegado a interpretar como un derecho, cuando es un servicio propio del varón con vocación a servir.

No hay que pensar que en la Iglesia la única posibilidad de desempeñar un papel importante es la de ser sacerdote. En la historia de la Iglesia hay muchísimas tareas y funciones.

No es el hombre quien gobierna, ¡es el sacramento! Por tanto, no cabe hablar de discriminación. Es Cristo en definitiva quien gobierna.

Benedicto XVI no cesó de reivindicar la riqueza del genio femenino. En la visita que hizo a Angola las llamó «heroínas silenciosas».

Según Benedicto XVI, «la familia está fundada sobre el matrimonio entre el hombre y la mujer».

Para el Santo Padre Benedicto XVI, «las mujeres, sobre la base de su igual dignidad con los hombres, tienen pleno derecho a insertarse activamente en todos los ámbitos públicos y su derecho debe ser afirmado y protegido incluso por medio de instrumentos legales donde se considere necesario [...]», pero a la vez «la presencia materna dentro de la familia es tan importante para la estabilidad y el desarrollo de esta célula fundamental de la sociedad, que debería ser reconocida, alabada y apoyada de todos los modos posibles» (Benedicto XVI, Discurso en el encuentro con los movimientos católicos para la promoción de la mujer, Luanda, 22 de marzo de 2009).

En el encuentro que sostuvo con las representantes de los movimientos católicos que alientan la promoción de la mujer, el Papa Benedicto XVI precisó que «hay que reconocer, afirmar y defender la misma dignidad del hombre y de la mujer», ya que «ambos están llamados a vivir en profunda comunión, en un mutuo reconocimiento y don de sí mismos».

Benedicto XVI afirmó: «Actualmente nadie debería dudar de que las mujeres, sobre la base de su dignidad igual a la de los hombres, tienen pleno derecho a insertarse activamente en todos los ámbitos públicos y su derecho debe ser afirmado y protegido incluso por medio de instrumentos legales donde se considere necesario. Sin embargo, este reconocimiento del papel público de las mujeres no debe disminuir su función insustituible dentro de la familia: aquí su aportación al bien y al progreso social, aunque esté poco considerada, tiene un valor verdaderamente inestimable».

Benedicto XVI resaltó que «la mujer, a nivel personal, siente la propia dignidad no tanto como el resultado de la afirmación de derechos en el plano jurídico, sino más bien como directa consecuencia de las atenciones materiales y espirituales recibidas en el corazón de la familia».

«La presencia materna dentro de la familia, dijo Benedicto XVI, es tan importante para la estabilidad y el crecimiento de esta célula fundamental de la sociedad, que debería ser reconocida, alabada y sostenida de todas las maneras posibles. Por este motivo, la sociedad debe reclamar a los maridos y padres su responsabilidad familiar».

Finalmente, Benedicto XVI destacó que «la edificación de cada familia cristiana tiene lugar en el contexto de aquella familia más grande que es la Iglesia, que la sostiene y la abraza en su seno, garantizando que sobre ella descansa, ahora y en el futuro, el “sí” del Creador».

El sábado 31 de diciembre de 2022, fallecía, a los 95 años, el Papa emérito Benedicto XVI. El Papa Francisco llegó a pedir previamente una oración para su recuperación.