Colaboraciones

 

Papa Francisco

 

(17 de diciembre de 1936, Flores, Buenos Aires, Argentina-21 de abril de 2025, Domus Sanctae Marthae, Ciudad del Vaticano)

 

 

 

 

27 abril, 2025 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

El Papa Francisco, nacido en Buenos Aires como Jorge Mario Bergoglio, ha gobernado pastoralmente la Iglesia católica. Ha vivido en la Casa de Santa Marta en la Ciudad del Vaticano, y es conocido por su defensa de la dignidad humana, especialmente de los más desprotegidos.

El Papa Francisco, nacido el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires (Argentina), es el primer Papa latinoamericano y jesuita en la historia de la Iglesia católica, asumiendo el papado el 13 de marzo de 2013. Su estilo cercano y su énfasis en la misericordia han dejado una marca distintiva en su pontificado.

En estos años, Francisco ha demostrado ser el Papa para estos tiempos, dentro y fuera de la Iglesia por su sencillez, desprendimiento, audacia y cercanía.

Una de las tareas en las que más se comprometió el Pontífice para garantizar la transparencia financiera del Vaticano fue la reforma económica de los distintos estamentos de la Curia y por ello creó el Consejo y la Secretaría de Economía, presidido por el Cardenal George Pell.

El Papa Francisco realizó viajes apostólicos a Asia, Sudamérica (Ecuador, Bolivia y Paraguay), África, Cuba y a Estados Unidos.

Tal vez el viaje más impactante fue el que realizó a Sri Lanka y Filipinas en enero del 2015. En este último el Santo Padre celebró una Misa en la capital (Manila) ante más de seis millones de personas, un evento que quedará en la historia como la Eucaristía más multitudinaria que se ha celebrado en el mundo.

En abril del 2015 el Santo Padre convocó oficialmente el Jubileo Extraordinario de la Misericordia para que la Iglesia pusiera más en evidencia su misión de ser testimonio de la misericordia y «seamos misericordiosos como el Padre».

En Cuba el Santo Padre pidió libertad para la Iglesia y abogó por el fin de las dinastías, y tuvo una reunión privada con el fallecido expresidente y líder de la Revolución Fidel Castro. Mientras que en Estados Unidos participó del Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia.

En el mes de octubre el Papa Francisco participó del Sínodo de los Obispos sobre la Familia, una reunión mundial de representantes de la Iglesia en todo el mundo para debatir sobre los diversos desafíos actuales de la institución familiar.

Al término del Sínodo se reafirmó la doctrina católica sobre el matrimonio, su indisolubilidad; y se resaltó la belleza de la familia y del plan de Dios para ella. También se habló sobre la situación de los divorciados en nueva unión.

En el 2016 el Papa Francisco sostuvo en la Habana (Cuba) un encuentro privado y firmó una declaración en conjunto con el Patriarca ortodoxo Kirill de Moscú y de toda Rusia. Este encuentro fue el primero en la historia entre un Pontífice y el líder de los ortodoxos rusos.

Inmediatamente después llegó a México para una visita apostólica entre el 12 y 17 de febrero. Según las cifras dadas a conocer por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en total más de diez millones de personas participaron en las actividades del Santo Padre.

El 27 de julio del mismo año, el Pontífice arribó a Polonia, concretamente a Cracovia, donde presidió la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), la segunda de su pontificado luego de la realizada en Río de Janeiro en 2013 donde más de tres millones de jóvenes celebraron la fe con el Santo Padre.

También pudo visitar el campo de concentración de Auschwitz, como hizo Benedicto XVI en 2006, y el Santuario Mariano de Czestochowa.

Luego, en una multitudinaria Misa celebrada el 4 de septiembre del 2016 en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, a la que se calcula asistieron unas ciento veinte mil personas, el Papa Francisco canonizó a Santa Teresa de Calcuta.

El 16 de octubre el Papa Francisco canonizó a siete nuevos santos en el Vaticano, entre ellos el niño mexicano José Sánchez del Río, mártir de la guerra cristera, y el sacerdote argentino José Gabriel del Rosario Brochero, el «Cura Brochero».

En 2017, visitó el Santuario de Nuestra Señora de Fátima con ocasión del centenario de sus apariciones, y en donde canonizó a dos de los pastorcitos, santa Jacinta y san Francisco Marto.

Del 6 al 11 de septiembre, realizó un viaje apostólico a Colombia, donde visitó Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena.

En 2018, volvió a América Latina, esta vez para una visita apostólica a Chile y Perú del 15 al 21 de enero.

Francisco, primer Papa latinoamericano que comenzaba su ministerio rezando con el pueblo de Roma, su nueva arquidiócesis. Rezó por el Papa anterior y rezó con su pueblo por su ministerio. No hubo grandes declaraciones, ni discursos de humildad, sólo oración y un hermoso guiño a Juan Pablo II. El Papa polaco comenzó diciendo que lo habían llamado de un país lejano y Francisco se presentó anunciando que lo habían traído casi desde el fin del mundo.

El Papa Francisco, un hombre brillante. Sus intervenciones siempre han tenido el mismo sello: solidez doctrinal, humildad y un sentido espiritual y pastoral que lo distinguían. Sí, era brillante en su forma de afrontar los argumentos, de exponerlos, pero también de darles un sentido cercano de alguien que busca siempre, por encima de todo, la salvación de las almas, ley fundamental de la Iglesia.

El Papa Francisco, un hombre de una profunda espiritualidad. Su formación jesuítica, amasada en el dinamismo de los ejercicios espirituales de San Ignacio, de los que siempre fue muy entusiasta, refleja ese modo propio de los jesuitas de vivir con los pies en la tierra, pero unidos sólidamente al Cielo. El Papa leyó y vivió la dinámica de los ejercicios y han estado presentes en su cabeza y en su corazón los grandes ejes de la espiritualidad jesuítica: el seguimiento y la imitación de Jesús buscando amar como Él amaba, vivir como Él viviría hoy, juzgar como Él juzgaría; un compromiso activo por buscar la dirección de Dios. Al mismo tiempo es una espiritualidad encarnada, vivida en el mundo, realista. La norma jesuita es: encontrar a Dios donde mejor se le pueda servir y donde el pueblo esté mejor servido. Toda esa tradición espiritual ha estado en la mente y el corazón del Papa.

El Papa Francisco, un hombre que se ha guiado por el Evangelio. Ha sido un hombre que ha tenido muy claro a dónde le debía conducir el Evangelio, pero no se decantó por líneas de pensamiento. En él prevaleció su rectitud. Viéndole en su forma de actuar viene a la mente eso de «buscad el Reino de Dios y lo demás se les dará como añadidura» (Mt 6, 33 y Lc 12, 31). Ha sido un hombre que simplemente trataba de ser coherente con lo que creía que se debía hacer. Por eso, en su gobierno ha sido inflexible y claro, pero al mismo tiempo bondadoso, al estilo de Juan XXIII. En la curia romana se le conocía como «il cardinale del ATAC (empresa de autobuses del ayuntamiento de Roma)», porque siempre viajaba en autobús, y eso hablaba de su modo de ser, sencillo, austero, pero también tenía fama de ser un hombre de gobierno que dirigía su arquidiócesis con mano firme, y esto es algo que seguramente valoraron mucho los cardenales que le votaron para que se sentara en la cátedra de Pedro.

El Papa eligió el nombre de Francisco y esta ha sido una gran novedad. Y un gran compromiso. Es la primera vez que un Papa lleva ese nombre. Y hay que recordar que la verdadera vocación de Francisco de Asís comienza ante el crucifijo de San Damiano que le dice «Francisco, ve y repara mi Iglesia que está en ruinas». Y desde ahí, Francesco, el poverello de Asís, comenzó la más grande renovación espiritual que ha conocido la Iglesia, para pasar de una Iglesia mundana centrada en las riquezas y el poder, a una Iglesia basada en Cristo. Es todo un programa encerrado en un nombre.

Cuando Francisco era arzobispo de Buenos Aires, escogió el lema miserando atque eligendo tomado de una homilía de San Beda el Venerable que comenta la vocación de Mateo (Mt 9, 9): «Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano, y lo vio con misericordia y eligiéndolo, (miserando atque eligendo), le dijo sígueme». Y ahora, él lo ha seguido de nuevo.

La elección del Papa Francisco fue recibida por sorpresa, pues muchos no esperaban que fuera designado, nuevamente, un Papa no italiano. Pero el cónclave se desarrolló de tal manera que al final fuera llamado a la Cátedra de Pedro el que era arzobispo de Buenos Aires y que contaba en ese momento con 76 años.

Desde el inicio, Francisco quiso dar una orientación fuertemente pastoral a su servicio petrino, como quedó plasmado, sobre todo, en la exhortación Evangelii gaudium (fechada el 24 de noviembre de 2013). Asimismo, dio un relieve especial al tema de la misericordia, lo cual se hizo evidente en sus primeras alocuciones públicas, y luego se plasmó en la convocatoria de un año especial dedicado precisamente a la misericordia (de diciembre de 2015 a noviembre de 2016).

Sus encíclicas también marcan su pontificado. Tras la publicación de Lumen fidei (2013), escrita en buena parte por el Papa Benedicto y asumida y completada por el Papa Francisco, fueron publicadas otras dos encíclicas: Laudato si' (2015) y Fratelli tutti (2020).

Por lo que se refiere a las exhortaciones apostólicas, además de la ya mencionada Evangelii gaudium, contamos con las siguientes: Amoris laetitia (2016), Gaudete et exsultate (2018), Christus vivit (2019), Querida Amazonia (2020).

Sería largo recorrer la enorme cantidad de otros documentos de Francisco en estos años, entre los que destacan un buen número de Motu proprio, varias cartas apostólicas, y otras cartas y mensajes de diverso tipo, especialmente las que salen a la luz con motivo de las diversas jornadas mundiales que la Iglesia celebra desde las últimas décadas.

Junto a ellos, tienen un papel especial las audiencias generales, que han ido exponiendo diversos temas de gran importancia. Podríamos simplemente recordar el penúltimo ciclo, dedicado al discernimiento (desde el 31 de agosto de 2022 hasta el 4 de enero de 2023).

Una de las tareas que el Papa Francisco asumió desde el inicio de su pontificado se refiere a la reforma de la Curia. Como resultado de un largo proceso de elaboración se llegó a la constitución apostólica Praedicate Evangelium (19 de marzo de 2022), que renovaba profundamente la organización de la Santa Sede.

Otra tarea del Papa, en continuidad con una idea concretada tras el Concilio Vaticano II por Pablo VI, consistió en los sínodos, ordinarios y extraordinarios, y que han llevado a un paso novedoso en el camino de la Iglesia al emprender un amplio sínodo sobre la sinodalidad, iniciado en 2021. Tal sínodo se caracterizó por una consulta que aspiraba a ser universal, al pedir la participación de todas las iglesias locales en las diferentes fases preparatorias.

A todo lo anterior se podrían añadir la lista de viajes internacionales y en Italia, las visitas ocasionales a personas concretas o a centros de atención de quienes viven situaciones de dificultad, los consistorios para crear nuevos cardenales, las beatificaciones y canonizaciones, las audiencias en el Vaticano a autoridades públicas y a particulares de muy variadas procedencias.

No resulta fácil hacer una síntesis de estos años de quien, venido desde «muy lejos», ha servido a la Iglesia como obispo de Roma. Lo importante, ante este Papado como ante cualquier otro, es descubrir la acción del Espíritu Santo que guía a la Iglesia en la transmisión de las enseñanzas del Maestro, como las han ido exponiendo, a lo largo de los siglos, los diferentes concilios y todos aquellos Papas y Obispos que se han mantenido fieles al depósito de la Fe.

Raimo Goyarrola, obispo de Helsinki, destaca ese esfuerzo del Papa por levantar el brazo para dar su última bendición: «Es un gesto que resume su vida, ese transmitir las bendiciones de Dios y ese sentirse tan bendecido por Dios». Goyarrola, que pudo encontrarse personalmente con el Papa diez veces, recuerda el divertido pique que mantuvo con Francisco sobre si el finisterre era Finlandia o Argentina, y el detalle del Papa cuando le regaló su anillo episcopal: «Era un hombre bueno, con un grandísimo corazón y un gran sentido del humor».

Yago de la Cierva, profesor del IESE y experto en comunicación institucional, dice de Jorge Bergoglio: «Podemos decir que Francisco ha sido un converso de la comunicación. Cuando era arzobispo de Buenos Aires sólo concedió una entrevista y, sin embargo, durante su Pontificado han sido más de doscientas entrevistas largas». «El Papa siempre se inclinó por la cercanía personal, aun a costa de la precisión. Y tenía razón: la comunicación no es mera transmisión de contenidos, es una relación humana», en palabras de Y. de la Cierva.

Francisco era un Papa de distancias cortas. La cercanía y la ternura del Papa Francisco son aspectos que destacan los que han tenido la oportunidad de mantener encuentros personales con él.

El Papa, que diez días antes de morir visitó San Pedro por sorpresa en silla de ruedas, con cánula de oxígeno, camiseta interior y manta. Como cualquier otro anciano enfermo.

El Papa, moribundo, que se subió por última vez al papamóvil para despedirse de los fieles, en un gesto —el del encuentro, la cercanía— que volvía a convertirse en titular.

El 13 de marzo de 2013 Jorge Mario Bergoglio pasó a llamarse Francisco. Desde entonces, se dedicó a llevar adelante el programa trazado en su exhortación apostólica Evangelii gaudium. Puso a la Iglesia católica en su auténtico eje, el único camino que podría sanar sus impurezas: el de la evangelización. «La evangelización es la razón de ser de la Iglesia», sentenció.

 

 

 

Texto íntegro del testamento del Papa Francisco en español, publicado por la oficina de prensa del Vaticano:

 

TESTAMENTO DEL SANTO PADRE FRANCISCO

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Miserando atque Eligendo

 

En el nombre de la Santísima Trinidad. Amén.

Sintiendo que se acerca el ocaso de mi vida terrenal y con viva esperanza en la Vida Eterna, deseo expresar mi voluntad testamentaria únicamente en lo que se refiere al lugar de mi sepultura.

Siempre he confiado mi vida y mi ministerio sacerdotal y episcopal a la Madre de Nuestro Señor, María Santísima. Por eso, pido que mis restos mortales descansen esperando el día de la resurrección en la Basílica Papal de Santa María la Mayor.

Deseo que mi último viaje terrenal concluya precisamente en este antiquísimo santuario mariano, al que acudía para rezar al comienzo y al final de cada viaje apostólico, para encomendar con confianza mis intenciones a la Madre Inmaculada y darle las gracias por su docil y maternal cuidado.

Pido que mi tumba sea preparada en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la citada Basílica Papal, como se indica en el anexo adjunto.

El sepulcro debe estar en la tierra; sencillo, sin decoraciones especiales y con la única inscripción: Franciscus.

Los gastos para la preparación de mi sepultura serán sufragados con la donación del benefactor que he elegido, suma que será transferida a la Basílica Papal de Santa María la Mayor, y para lo cual he dado las instrucciones oportunas a Mons. Rolandas Makrickas, Comisario Extraordinario del Capítulo Liberiano.

Que el Señor dé la merecida recompensa a quienes me han querido y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que se ha hecho presente en la última parte de mi vida lo ofrecí al Señor por la paz en el mundo y la fraternidad entre los pueblos.

Santa Marta, 29 de junio de 2022

FRANCISCO

 

 

Santo Padre Francisco