Colaboraciones
La memoria sensitiva de los animales no tiene nada que ver con la memoria espiritual, propia del raciocinio humano
14 julio, 2025 | Javier Úbeda Ibáñez
El instinto es como una máquina automática. Funciona siempre igual.
Lo que impropiamente solemos llamar inteligencia animal es su capacidad para moverse entre estímulos. El animal responde de la misma manera a los mismos estímulos que excitan sus instintos. En cambio, el hombre puede modificar sus respuestas al estímulo. Los animales aprenden cosas por asociación de imágenes y sentimientos; pero no son capaces de hacer un silogismo, un raciocinio. Se amaestran a base de palo y golosinas.
Los instintos animales tienen una memoria sensitiva que les impide repetir los mismos errores.
La memoria sensitiva es mera yuxtaposición de imágenes. Es algo muy distinto del raciocinio humano en el que se afirma la correspondencia de dos ideas.
Pero la memoria sensitiva de los animales no tiene nada que ver con la memoria espiritual, propia del raciocinio humano, que permite al hombre pasar de lo conocido a lo desconocido, y así hacer posible el progreso, ausente en los animales.
La inteligencia humana nos permite pasar de lo conocido a lo desconocido.