Colaboraciones
El Estado que prescinde de Dios, de la Ley Natural y de la Ley Revelada
28 julio, 2025 | Javier Úbeda Ibáñez
El Estado del hombre autónomo, el Estado que prescinde de Dios y de la Ley Natural y de la Ley Revelada, el Estado que exalta la autoridad humana sin referencia a ninguna otra superior, sólo podía llevar, ciertamente, al más absoluto Estado sin Dios y a la teoría que negase abiertamente la existencia de Dios: el socialismo materialista, el marxismo. Y no hay duda de que hoy, aun cuando el bloque comunista se haya desplomado en Europa y en casi todo el orbe, porque no podía más que terminar hundiéndose como una «trágica utopía» lo que era «intrínsecamente perverso» (la primera definición es la que le adjudicó Juan Pablo II, y la segunda había sido la de León XIII; ambas son perfectamente complementarias y magníficamente expresivas), hoy, decimos, todavía pervive con fuerza, sobre todo en ciertos sectores y ambientes, lo que es la esencia del marxismo: el materialismo ateo. Sigue inspirando en grandes dosis a la izquierda y es una de las raíces de la política laicista que en las fechas presentes sufrimos en España.
Por otro lado, conforme al párrafo anterior, hay que resaltar además la observación de Vogelsang de cómo se va consiguiendo desterrar al cristianismo de todas las esferas públicas de la vida, para que, conforme a la mentalidad liberal, quede reducido a una simple «opción personal» y a una mera «cuestión privada», sin repercusión alguna en el ámbito social ni en la vida externa de las personas. Pero, como también apunta él mismo, el cristiano ni siquiera se siente entonces seguro replegado a su conciencia y a la sacristía, porque realmente el laicismo ateocrático acaba por querer dominar de un modo absoluto (más aún, absolutista) las conciencias: no es otra cosa que una forma de totalitarismo, más claro en los Estados marxistas, pero que se plasma asimismo en los Estados liberales, sobre todo si la izquierda de raíces marxistas llega temporalmente al poder.
Ahora bien, la negación de Dios es la negación del hombre, y por eso la secularización de la sociedad y el avance del Estado ateocrático no pueden sino terminar en un terrible drama, que comienza por anular la esperanza del hombre, porque arriba en nihilismo. En palabras nuevamente de Vogelsang: «El nihilismo es la negación llevada hasta el pesimismo de toda autoridad divina y humana, y de toda moral particular. […] Sofistas hábiles han hecho un sistema de esta desesperación del hombre sin Dios y contra Dios: el sistema de la desesperación de la nada» (Vogelsang, Karl von, Moral y Economía Sociales. Extractos de sus obras, traducidos del alemán, trad. de Ventura Pascual y Beltrán, Madrid, Librería Católica de D. Gregorio del Amo-Centro de Publicaciones Católicas, s. f., c. 1900, p. 14). Da la impresión, ciertamente, de que Vogelsang hubiera profetizado el advenimiento del existencialismo sartriano, otra de las filosofías que tanto daño ha causado en los tiempos recientes y que subyace igualmente como uno de los elementos conformadores de las actuales tendencias laicistas y ateocráticas.