Colaboraciones
¿Una posible definición dogmática mariana?
16 diciembre, 2025 | Javier Úbeda Ibáñez
Se alzaron voces en América y en otros países auspiciando una posible definición dogmática mariana. El mentor de esta iniciativa es el Dr. Mark I. Miravalle, profesor asociado de Teología y Mariología de la Universidad de Steubenville USA, dirigida por la orden franciscana. Por iniciativa de este profesor se ha creado un movimiento internacional denominado Vox Populi Mariae Mediatrici, que ha recogido cerca de cinco millones de firmas (Cf. la revista L'actualité religieuse, 15.XII.1997, n. 161) de más de ciento cincuenta países —entre ellas las de más de quinientos obispos y cuarenta y dos cardenales— solicitando a la Santa Sede «la definición papal de la Santísima Virgen María como Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada del Pueblo de Dios.
»La definición papal de María como Corredentora, Mediadora y Abogada producirá un gran derramamiento de gracia sobre la Iglesia de hoy al honrar a la Madre de Jesús y al dar total cumplimiento a la profecía de “todas las generaciones me llamarán bienaventurada”» (M. I. Miravalle, María, Corredentora, Mediadora, Abogada, Santa Bárbara 1993, p. 80).
En el año 1993 el prof. Miravalle escribió un opúsculo, Mary Coredemptrix, Mediatrix, Advocate, traducido el mismo año a diversos idiomas (las traducciones italianas y francesas, al igual que la española, constan de 80 páginas y están editadas en Santa Bárbara (California) CA 933140-2028, P.O. Box 42028. Pretende ser un estudio sintético en el que se examinan «estos papeles marianos de Corredentora, Mediadora y Abogada, como se manifiestan en la rica revelación de la Palabra de Dios confiada a la Iglesia» (M. I. Miravalle, María, Corredentora, Mediadora, Abogada, o.e., p. XVI).
Se advierte en la actualidad, en unos, un deseo de elevar a rango de verdad definida la Mediación universal de María, y en otros, al menos, un interés por clarificar y ahondar en la doctrina de la cooperación mariana en la Redención.
La doctrina paulina del Unus Mediator ha sido clara y patente en la formulación católica sobre la mediación mariana: el único Mediador necesario es Cristo, porque sólo Él nos ha redimido del pecado y nos ha reconciliado con el Padre, aunque ello no excluye la cooperación secundaria de María en esta regeneración de los hombres.
La mayoría de los mariólogos católicos cuando se plantean este tema coinciden, en sintonía con el magisterio papal, en los siguientes puntos:
a) María está asociada, por designio divino, a la obra de la redención, y voluntariamente, mediante su fiat, ha aceptado que el Verbo se encarne en su seno;
b) María ha cooperado formalmente, por su íntima unión con Cristo a lo largo de toda su existencia histórica, en la Redención de los hombres;
c) actualmente ya gloriosa en los cielos, por su estrechísima vinculación con su Hijo resucitado y glorificado, ejerce su misión de mediadora impetrando y distribuyendo las gracias entre los hijos de la Iglesia.
Ahora bien, los teólogos disienten en la causalidad y en la naturaleza de esa cooperación y de esa asociación mariana. El abanico es muy amplio y los matices abundantes. Sin embargo, en línea de máxima y aun con un evidente riesgo de simplificación, se podría hacer la siguiente clasificación:
El Concilio Vaticano II en la constitución Lumen gentium fue muy parco en sus formulaciones y abandonó algunos términos usados con frecuencia por los teólogos e incluso por el Magisterio anterior. Prescindió, también, de la terminología teológica usual. Ha mostrado la función de la Santísima Virgen en la Redención a través de la historia de la salvación, comenzando por el Antiguo Testamento, centrándose después en los misterios de la vida oculta y en el ministerio público de Jesús. Partió de los siguientes criterios teológicos para dilucidar el tema de la mediación mariana:
1. El primer criterio lo constituye el principio paulino de que Cristo es el único Mediador;
2. la mediación mariana no oscurece la mediación de Cristo, ni la aumenta ni la disminuye;
3. no es absolutamente necesaria; proviene del querer divino y procede de la sobreabundancia de los méritos de Cristo;
4. no es una mediación intermedia entre los hombres y Cristo; al contrario, es una mediación indisolublemente unida a la de Cristo y absolutamente dependiente;
5. la cooperación de María en la obra del Redentor es diversa a la de las demás criaturas: es una cooperación eminente y singular.
La doctrina conciliar acerca de la asociación de María a la obra redentora se puede resumir en los puntos siguientes:
a) Es voluntad expresa de Dios que «así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyera a la vida. Lo cual se cumple de modo eminente en la Madre de Jesús por haber dado al mundo la Vida misma».
b) María no fue un instrumento meramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres.
c) La unión de la Virgen con su Hijo en la obra de la salvación abarca toda su vida y especialmente desde la Anunciación hasta la muerte de Cristo.
d) María cooperó en forma del todo especial a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas.
e) En el momento de la consumación de nuestra Redención, no sin designio divino, María estuvo erguida junto a la Cruz, sufriendo y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio y consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima.
f) La misión materna de la Virgen no cesa con su Asunción a los cielos. Es decir, la asociación de María a la obra de Jesús es permanente a lo largo de la historia de la salvación: desde el protoevangelio hasta la segunda venida de Cristo.
g) Su mediación es integral y total, pues nos consigue no sólo algunas gracias, sino los dones de la salvación eterna y con su amor materno coopera a la regeneración y formación de todos los fieles.
Parente resume toda esta doctrina conciliar sintetizándola en los siguientes puntos:
1) La excelsa dignidad de María como Madre del Verbo encarnado, por encima de toda criatura;
2) la íntima unión de María con su Hijo y su participación en su obra redentora, según el eterno designio divino;
3) esta cooperación, testimoniada por la S. Escritura, por los Padres y por el Magisterio de la Iglesia, está fundada en la Maternidad divina y en la voluntad divina que ha asociado a María con Cristo en la obra de la Redención y puede llamarse participación a la Mediación del Redentor, no en el sentido de dos Mediaciones distintas.