Colaboraciones

 

Fray Bartolomé de Las Casas. Leyenda Negra (I)

 

 

 

24 diciembre, 2025 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Fray Bartolomé de Las Casas

Fray Bartolomé de Las Casas, importante dominico que fue el primer Obispo de Chiapas en México e incansable misionero que denunció los abusos que cometieron los colonizadores españoles contra los indígenas, no así los perpetrados por ingleses, angloamericanos o portugueses.

A Bartolomé de Las Casas, el mentado «apóstol de los indios», se le atribuye desde hace cuatro siglos la responsabilidad en la defensa de los nativos americanos, pasando a la fama por su conocida obra publicada en 1552 como la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, fuente «inequívoca» del «genocidio» que los españoles habrían perpetrado en América durante los años de conquista y plomo…

Según el fraile, el conquistador era la encarnación del diablo: «Los españoles desean solo henchirse de riquezas en muy breves días […] más que hombres parecen lobos, leones y tigres crudelísimos de muchos días hambrientos […]. Cometían grandísimas crueldades, matando y quemando y asando y echando y asando y echando perros bravos» (Rómulo Carbia, Historia de la Leyenda Negra hispano-americana, Publicaciones del Consejo de la Hispanidad, Madrid 1944, 42. Es el mejor estudio sobre la discusión relativa a la Conquista que se produjo durante los siglos XVIII y XIX).

Sostuvo Las Casas que todas las guerras contra los indios eran injustas, cuando la esclavitud del vencido en guerra justa era admitida por los juristas y teólogos, cuyo principal maestro era el dominico Francisco de Vitoria, fundador del moderno Derecho de Gentes. Todos menos Las Casas reconocían diversos casos de guerra justa en el Nuevo Mundo.

A pesar del rechazo general, Las Casas influyó en la sanción de las «Leyes Nuevas de 1542» que restringían las encomiendas para protección de los indios.

Nombrado Las Casas obispo de Chiapa (Guatemala) por Carlos V para que practicara sus teorías en su diócesis, publicó normas contrarias a las leyes vigentes, promovió excomuniones y originó disturbios continuos entre los diocesanos, teniendo que abandonar a los pocos meses.

Las Casas pasó a México, donde divulgó sus «Reglas para los Confesores» que causaron nuevo escándalo, siendo rechazadas por todos los obispos de la Nueva España.

Bartolomé de Las Casas intervino en la conquista de Cuba como soldado, colono y encomendero, poseedor de un gran número de esclavos. Fracasó como buscador de oro, robó y mató indios.

De Las Casas, además de utópico era un farsante, ya que nunca confesó que, siendo soldado, mató a algunos de esos indios.

El fraile español, Bartolomé de Las Casas, empleó cifras falsas para denunciar los abusos de los conquistadores, y Guillermo de Orange (autor del libro Apología, lleno de falsedades y exageraciones), el hombre que encabezaba en los Países Bajos la rebelión contra el Imperio español, que iba buscando la forma de debilitar a España a través de la propaganda, se valió de las exageradas cifras del dominico para criticar la conquista de América y pintar a los españoles como esclavistas crueles.

Así y todo, la Revolución francesa y la emancipación de las colonias en América elevaron a de Las Casas a la categoría de benefactor de la Humanidad e hicieron olvidar otra vez los trabajos de Voltaire. Asimismo, la emancipación de las colonias disparó la publicación de ejemplares de la Brevísima

 

Bibliografía acerca de la personalidad de Las Casas y de su «obsesión» e imprecisiones

Hay muchísima bibliografía acerca de la personalidad de Las Casas y de su «obsesión» e imprecisiones. Citamos aquí solo algunas: Díaz Araujo, Enrique Las Casas visto de costado, Fundación Francisco Elías de Tejada y Erasmo Percopo, Madrid 1995, 218 y La rebelión de la nada, Cruz y Fierro, Buenos Aires 1983, 369; Ramón Menéndez Pidal, El Padre Las Casas: su doble personalidad, Espasa-Calpe, Madrid 1963, 410 pp. y El P. Las Casas y Vitoria, Espasa-Calpe, Col. Austral, Madrid, pp. 152.; existen incluso serios estudios que afirman un grado de paranoia en Las Casas y hasta de «profetismo», como señala autorizadamente Menéndez Pidal: «Holgadamente se hallaba Las Casas, en un ambiente profetista, situándose fuera de toda realidad, y, ¡con cuánta sencillez falseaba por completo la verdad de todo lo que le rodeaba!» (Ramón Menéndez Pidal, El Padre Las Casas. Su doble personalidad, 335).

Para Pío Moa: «Esta, la calumnia y no tiradas aparentemente bienintencionadas y gratuitas, es la verdadera medida del valor de Las Casas».

Muchos han convertido al padre Las Casas en un instrumento diabólico para destruir a la Iglesia Católica y a nuestra civilización.

 

El descubrimiento de América tuvo sus luces y sombras

Toda hazaña, aunque comience con intenciones buenas, puede desviarse por las ambiciones humanas. El descubrimiento de América tuvo sus luces y sombras.

Pero que quede claro, ante abusos de algunos conquistadores, los misioneros levantaron su voz en defensa del hombre americano.

«Todo proceso histórico conquistador o colonizador conlleva el uso de la violencia y de las armas. Si bien el Imperio Romano invadió y conquistó España desde el siglo III A.C., arrasando y aniquilando a nuestros antepasados celtíberos, lusitanos, astures o cántabros, a nadie con un mínimo de inteligencia se le ocurriría hoy decir que Roma es la culpable de «la aniquilación de España» y del «sometimiento injusto» de nuestro pueblo.

»También los propios Tlaxcaltecas ayudaron a Hernán Cortés a derrotar a sus enemigos de Tenochtitlán (los aztecas de Moctezuma), y los aztecas, a su vez, combatieron junto a los españoles en posteriores colonizaciones…

»Y fue la propia Reina Isabel quien determinó tras el primer viaje de Colón, que los indios nativos no debían ser considerados esclavos, ni siquiera gentes colonizadas, sino súbditos de pleno derecho de la Corona Española, como habitantes de las nuevas provincias recién descubiertas.

»Dos décadas después de iniciarse el Descubrimiento (el 27 de diciembre de 1512), España abolió la esclavitud indígena mediante las “Leyes de Burgos”, en las cuales se emitieron las ordenanzas necesarias “para el gobierno con mayor justicia de los naturales, indios o indígenas” y se estableció que el Rey de España tenía derecho a “justos títulos” de dominio del Nuevo Mundo, pero sin derecho a explotar al indio, que era hombre libre y podía tener propiedades, pero que como súbdito debía trabajar a favor de la Corona sin mediar la esclavitud, retribuido y con libertades garantizadas, a través de los españoles allí asentados.

»Treinta años más tarde (1542), España emitía las “Leyes Nuevas” (o Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por Su Majestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los indios), en las que entre otras cosas se regulaba aún más en detalle el trato a los nativos, proclamando de nuevo su libertad y suprimiendo igualmente las encomiendas» (José Javier Esparza y Anthony Esolen).

 

En la América hispana se realizó algo infinitamente complejo y difícil: la fusión de dos mundos inmensamente diversos en mentalidad, costumbres, religiosidad, hábitos familiares y laborales, económicos y políticos

En la América hispana se realizó algo infinitamente complejo y difícil: la fusión de dos mundos inmensamente diversos en mentalidad, costumbres, religiosidad, hábitos familiares y laborales, económicos y políticos. Ni los europeos ni los indios estaban preparados para ello, y tampoco tenían modelo alguno de referencia. En este encuentro se inició un inmenso proceso de mestizaje biológico y cultural, que dio lugar a un Mundo Nuevo.

El mundo indígena americano, al encontrarse con el mundo cristiano que le viene del otro lado del mar, es, en un cierto sentido, un mundo indeciblemente arcaico, cinco mil años más viejo que el europeo. Sus cientos de variedades culturales, todas sumamente primitivas, solo hubieran podido subsistir precariamente en el absoluto aislamiento de unas reservas. Pero en un encuentro intercultural profundo y estable, como fue el caso de la América hispana, el proceso era necesario: lo nuevo enriqueció a lo antiguo.

Muchas de las modalidades culturales de las Indias, puestas al contacto con el nuevo mundo europeo y cristiano, vinieron enriquecidas; por ejemplo, cerbatanas y hondas, arcos, poco a poco, dejan de fabricarse, ante el poder increíble de las armas de fuego que permiten a los hombres lanzar rayos. Las flautas, hechas quizá con huesos de enemigos difuntos, y los demás instrumentos musicales, quedan olvidados en un rincón ante la selva sonora de un órgano o ante el clamor restallante de la trompeta. El mismo arte pictórico vino enriquecido al conocer el milagro de la escritura, de la imprenta, de los libros. Los vestidos, el cultivo de los campos con los arados y los animales de tracción, antes desconocidos. Esto en el campo material. ¿Y en el campo espiritual? Europa ofrece al mundo indígena la verdad del matrimonio monogámico y el monoteísmo.