Colaboraciones
La Navidad. San Agustín y san León el Grande
29 diciembre, 2025 | Javier Úbeda Ibáñez
Según Google: «La Navidad no es un sacramento; es una solemnidad litúrgica y una fiesta cristiana que conmemora el nacimiento de Jesucristo, un evento central de la fe que marca el Misterio de la Encarnación, pero no un sacramento en sí mismo, aunque se celebra con misas y ritos que son sagrados y de gran importancia. Los sacramentos (como el Bautismo, la Eucaristía…) son signos visibles de la gracia de Dios, mientras que la Navidad es una celebración anual de un hecho histórico-teológico fundamental para la salvación, según el calendario litúrgico».
San Agustín concluye que Navidad no puede ser sino una simple memoria, no un sacramento. Porque si la celebración de la Pascua comporta este carácter de sacramento es porque es signo de la muerte y de la resurrección, realidades de nuestra salvación expresadas mediante la solemnidad pascual, a través de la iniciación bautismal y de la liturgia eucarística. Pero la festividad de Navidad no puede aspirar a esa calidad de signo: es simple evocación, memoria, aniversario; en ella se recuerda únicamente el hecho del nacimiento (Carta 55).
Escuchamos en los sermones de san León el Grande lo que san Agustín no se hubiera inclinado a decir: Sacramentum Natalis Christi, el sacramento del día de la natividad de Cristo, o también: Nativitatis dominicae sacramentum, el sacramento de la Natividad del Señor. Escribe: «... Aprendemos a considerar la Natividad del Señor, este misterio del Verbo hecho carne, menos como el recuerdo de un acontecimiento pasado, que como un hecho que ocurre ante nuestros ojos" (LEÓN EL GRANDE, Sermón 9 sobre la Navidad, SC 22, 119; CCL 138, 147). No se trata aquí de un vuelo literario; efectivamente, en el Sermón 8º sobre la Natividad, san León precisa todavía más su pensamiento: «... Si recurrimos a esta indecible condescendencia de la misericordia divina que inclinó al Creador de los hombres a hacerse hombre, ella nos elevará a la naturaleza de Aquél a quien adoramos en la nuestra" (ID., Sermón 8 sobre la Navidad, SC 22, 149; CCL 138, 139).
Cristo actúa en esta fiesta de Navidad: La misericordia divina... nos elevará a la naturaleza de Aquél a quien adoramos en la nuestra. Hay en esta celebración una actividad de la gracia de esa represencia. Es lo que permitía decir a san León inmediatamente antes: Hoy el misterio de la Natividad del Señor brilla ante nuestros ojos con resplandor más vivo".
Precisamente como un misterio es como entiende la celebración de Navidad la liturgia de la Iglesia de hoy día, y eso es lo que ha justificado la celebración del Adviento no sólo como espera de la vuelta de Cristo en el último día, sino también igualmente como espera de su primera venida en el momento de su Encarnación.
Pero, puesto que Navidad, lo mismo que Pascua, hace presente el misterio de nuestro paso de la muerte a la vida con Cristo, ¿se trata de dos fiestas idénticas y Navidad no es más que una repetición inútil? San León habla de Navidad de la misma manera que hubiera podido hacerlo de la Pascua: ...el día elegido para el misterio (sacramentum) de la restauración del género humano en la gracia.
Aunque san León no exagera nada al hablar así y aunque Navidad es un sacramento de salvación, no es sin embargo estrictamente la celebración de la Pascua. Aun no habiendo más que un sacramento de salvación, es celebrado en sus diferentes aspectos. Navidad hace presente el punto de partida de nuestra salvación; está ordenada a nuestro rescate y ya le contiene.