Colaboraciones

 

Marx vincula intrínsecamente la religión al capitalismo, como aliados incondicionales

 

 

 

11 de enero, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Por eso dice Marx: «Luchar contra la religión es, en consecuencia, luchar indirectamente contra el mundo del cual la religión es arma espiritual» (en Crítica a la filosofía de Derecho de Hegel). Una vez más, Marx vincula intrínsecamente la religión al capitalismo, como aliados incondicionales. Marx no tiene en cuenta que la verdadera religión predica el desprendimiento —que es libertad y señorío— de las cosas de la tierra y que, por otro lado, hay bastantes capitalistas ateos y, por consiguiente, materialistas. Pero Marx nos dice que «la miseria religiosa es, al mismo tiempo, expresión de la miseria real y de la protesta contra esta miseria» (Ibid.). «Expresión» (de la miseria real), porque —según Marx— el hombre que se encuentra en una situación dependiente hipostasía instintivamente el poder material del que depende bajo la forma de divinidad trascendente, y «protesta». Así, el hombre que es desgraciado en esta tierra proyecta su sed de felicidad al otro mundo, y se esfuerza en atenuar su sufrimiento presente imaginándose una felicidad futura. Esta es la interpretación marxista que permite aseverar que una vez suprimida la miseria quedaría suprimido todo poder superior al hombre y su «reflejo fantástico» se desvanecería por sí mismo: el hombre sería para sí mismo, Dios. Pero los datos, como es bien sabido, son tercos.

Cosa curiosa es que el marxismo creyendo que infaliblemente la religión desaparecerá por sí sola al cumplirse las condiciones económico-sociales de la sociedad comunista, hasta el punto de esfumarse del planeta la misma idea de Dios, a pesar de ello, se presenta como activo combatiente contra la religión, tanto en la teoría como en la práctica. En la teoría, puesto que —según Marx— «la crítica de la religión es virtualmente la crítica del valle de lágrimas del que la religión es aureola... La crítica de la religión, por tanto, hace que el hombre piense, actúe, cree su realidad, como un hombre desengañado, dueño de su razón, con el fin de que se mueva a su alrededor, alrededor de sí mismo, su verdadero sol» (en Crítica a la Filosofía del Derecho).

Digamos en descargo de Marx que no conoció de hecho más que superficialmente el fenómeno religioso, a través de las deformaciones que presentaba la sociedad luterana de la Alemania del siglo XIX.