Colaboraciones
La persona humana está dotada de un alma espiritual y mediante su entendimiento y voluntad es capaz de conocer la verdad y de amar el bien
12 febrero, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
La persona humana está dotada de un alma espiritual y mediante su entendimiento y voluntad es capaz de conocer la verdad y de amar el bien. «Por la razón es capaz de comprender el orden de las cosas establecido por el Creador. Por su voluntad es capaz de dirigirse por sí misma a su bien verdadero» (CIC1704). Puede conocer la ley natural —incluida en ‘el orden de las cosas establecido por el Creador’— y amar el bien conocido. Esto no solo en abstracto sino también cuando se refiere a su propio bien conocido por el juicio de conciencia: en esto reside la libertad. «Mediante su razón, el hombre conoce la voz de Dios que le impulsa ‘a hacer el bien y a evitar el mal’ (Gs 16). Todo hombre debe seguir esta ley que resuena en la conciencia y que se realiza en el amor de Dios y del prójimo. El ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana» (1706).
Toda esta maravilla que es el hombre estuvo a punto de perderse por el pecado. En efecto, «‘La persona humana está dotada de un alma espiritual y mediante su entendimiento y voluntad es capaz de conocer la verdad y de amar el bien. El hombre, persuadido por el Maligno, abusó de su libertad, desde el comienzo de la historia’ (Gs 13). […] Ha quedado inclinado al mal y sujeto al error» (1707). De este hecho se derivan importantes consecuencias para la vida social, para la educación y la vida política, como señala el mismo Catecismo: «Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social y de las costumbres (407), entre otros el peligro de olvidar que la vida del hombre es un combate (cfr. 409).