Colaboraciones
Amistad
13 febrero, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
«La amistad es paciente, es amable; la amistad no es envidiosa, no presume, no se engríe; es decorosa; no es interesada ni se enoja; no toma en cuenta lo malo; no se alegra con la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa, Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La amistad no pasa nunca» (1 Cor 13, 4-8) «Ah, qué chiste, eso es de San Pablo», me dirán ustedes y tienen toda la razón; es el himno a la caridad que no es otra cosa que la amistad. Pero todavía hay otra opinión más autorizada de un personaje que es el mejor Amigo que nuestra historia recuerda; Él dice: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 16, 13) ¡Sí! Lo dice nuestro Señor Jesucristo y Él sabe ser amigo y demuestra su amistad con hechos, no sólo con palabras.
Ser amigo es hacer al amigo todo el bien...
La amistad no es otra cosa que el cariño que sentimos hacia una persona y que hace que procuremos su bien. Hay amistades naturales, como las que surgen de los lazos familiares, y que son fáciles de cultivar, aunque a veces las descuidamos mucho por el egoísmo siempre presente en nuestras acciones; hay también otras amistades a las que podríamos llamar «obligadas» que son las que surgen del compañerismo en la escuela o el trabajo, o por la vecindad, o por el trato frecuente dictado por las necesidades de la vida. Todas esas son buenas amistades y se siente cariño por ellas. Es nuestro círculo de amigos.
Finalmente, hay otra amistad muy especial con alguna o algunas personas, no muchas, con las que nos identificamos tan plenamente que a veces hasta decimos de ellos que son «mi otro yo». Con ellos nos sentimos a gusto y nos comprendemos perfectamente.
La amistad es necesaria, No podemos vivir sin amigos. Es vital amar y ser amado. Esta necesidad normalmente la suple la amistad natural surgida de la familia, pero ese hermoso círculo familiar necesita ampliarse para enriquecer nuestra vida, ¡y para enriquecer la de otros! Porque nuestra amistad es un verdadero tesoro. La soledad hace daño. El no tener amigos y el creer que no se pueden tener, termina por enfermar el alma. La amistad alienta, anima, fortalece y cura los males del alma.
No hay barreras para la amistad. Ni la edad, ni la religión, ni los ideales políticos, ¡ni el idioma!, impiden ser amigos.
Ya que en cuanto se acaba o pasa la moda, la amistad se termina, si queremos tener verdaderas y duraderas amistades debemos fundarlas en lo trascendente, en lo que es verdaderamente importante en la vida.
Si hay algo que puede lastimar las relaciones y sobre todo las amistades son los prejuicios.
Las amistades son muy importantes porque somos seres sociales que necesitamos de más gente a nuestro alrededor y que mejor que sean personas que piensan, sienten y actúan como nosotros para lograr pasar momentos llenos de alegría y amor cada día.
La amistad es la virtud que nos lleva a una relación sólida, profunda, desinteresada y recíproca con otra persona.
«La amistad viene de Dios y a Dios debe volver».