Colaboraciones
Leyenda Negra española.
El Doctor Jorge Traslosheros
14 marzo, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez

Para el reconocido historiador Jorge Eugenio Traslosheros Hernández, doctor en Estudios Latinoamericanos, la llamada «leyenda negra» de la conquista española a tierras americanas surge «esencial y fundamentalmente como una narrativa profundamente anticatólica».
La época de la conquista de América, que abarcó desde finales del siglo XV hasta principios del siglo XVII, se refiere al periodo en el que exploradores y conquistadores europeos llegaron y se establecieron en el continente americano.
El Dr. Traslosheros, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explicó a EWTN Noticias que la «leyenda negra» surge en el siglo XVIII y se consolida en ese mismo periodo, impulsada por la competencia entre Inglaterra y España por «la dominación de las colonias americanas».
En este contexto, indica, Inglaterra construyó una narrativa, a la que se conoce comúnmente como la «leyenda negra», en la que se presentaba a los suyos como «los buenos de la historia, —anglicanos, protestantes—, en contra del perverso imperio católico español».
Señala que este discurso se apoya en interpretaciones «selectivamente» extraídas de los relatos de figuras como Fray Bartolomé de las Casas, un misionero y cronista dominico español, conocido por ser uno de los principales defensores de los derechos de los pueblos indígenas en América.
Según el Dr. Traslosheros, la «leyenda negra» acentúa la «inferiorización»: todo lo que haya sido «americano es inferior al europeo y lo católico es lo peor que pueda existir».
El Dr. Traslosheros advierte que en la actualidad la «leyenda negra» se ha convertido en «un discurso político», utilizado con la intención de «polarizar» a la sociedad.
«Volvemos a la idea de que solo el pasado prehispánico era bueno, bonito y verdadero», señala el investigador, quien argumenta que se atribuyen a la época virreinal todos los males, tales como «la corrupción, la perversión, la explotación; lo malvado viene de España».
De este modo, indica, «si todo el mal viene desde entonces, no somos responsables de los males del presente. Es la coartada perfecta de grupos políticos irresponsables».
En relación con los indígenas, el Dr. Traslosheros explica que «los grandes problemas de las comunidades» no se originan en el periodo virreinal, como algunos sugieren, sino que provienen de las «reformas liberales» del siglo XIX, ya pasada la independencia, cuando «se les desconocieron su autonomía y sus formas propias de gobierno, que estaban reconocidas dentro de la monarquía de España».
Este problema no es exclusivo de México, indica, sino que afecta a toda América Latina, donde «no nos podemos reconciliar con nuestra historia. Entonces estamos totalmente desprovistos del origen de nuestra propia cultura, estamos despreciando aquello que somos realmente».
La misión del historiador, subraya, «no tiene que ver con el juicio sobre el pasado», sino con «comprender el pasado, es decir, entender cómo sucedieron las cosas en sus propios términos».
En contraste, afirma que «la misión de los políticos es ganar simpatías (…), normalmente polarizando los argumentos». En este sentido, indicó que la leyenda negra «es una narrativa histórica, no es un trabajo de un historiador».
¿Fue realmente la conquista de América por parte del Imperio español un genocidio sistemático y un saqueo de oro y recursos?, ¿sucedió esto de la misma manera en la Norteamérica conquistada por el Imperio inglés?, ¿qué de cierto hay en la idea de que los indígenas tenían un avanzadísimo desarrollo tecnológico, moral y cultural y que los conquistadores vinieron a destruir ese desarrollo?, ¿la Iglesia jugó un papel principalmente perjudicial o beneficioso para los indígenas?, ¿es cierto que la Inquisición realizó masacres masivas de miles o millones de indígenas en América?, ¿cuál fue el papel en todo esto de una mujer tan poderosa como la Reina Isabel I de Castilla la Católica?, ¿qué dirían a aquellos que en los últimos años han formado una cruzada para derribar estatuas de Cristóbal Colón y de los Reyes católicos y dicen que España debería pedir perdón a América?
Mediante el conocimiento del Imperio español derribaremos la Leyenda Negra.
Como señala el gran estudioso Rómulo Carbia, en la obra del fraile dominico (Fray Bartolomé) «nada se concreta, ni geográfica ni cronológicamente». Una sola vez aparece en el relato el nombre de uno de los responsables de las supuestas atrocidades. En los otros casos el «tirano» (es decir, «el español») queda como cubierto por una penumbra imposible de descubrir. Todo es más y lo mismo: las fechas, las cantidades, los nombres, los lugares; todo es confuso y sin precisión. No se priva de ninguna opinión: hasta de la conquista del Río de la Plata, en donde dice, desconociendo los pormenores y no habiendo estado jamás allí, que en estas tierras australes se habían «ejecutado las mismas obras que en todas partes…».
Los principales problemas demográficos no fueron causados por la vesania de los encomenderos o la brutalidad de los conquistadores, sino que fueron de carácter patológico, bacteriológico e inmunológico.
Las Casas, que había sentado como tesis principal que todo dinero proveniente de Indias era un robo a los indios y que aceptar dinero robado obliga en conciencia a «reparar in solidum», no vaciló cuando debió ser remunerado con ese «dinero sucio». En efecto, en 1516 recibió 100 pesos oro anuales como procurador de indios; como obispo, en 1524, 500.000 maravedíes anuales; en 1551, cuando renunció al obispado, se le fijó una pensión de 300.000 maravedíes, renta que en 1563 se le aumentó a 350.000 maravedíes… ¡nunca discutió por el origen de esa paga!
Menéndez Pidal señala la incoherencia: «Las Casas se contradecía. Vive del dinero robado, para predicar que no se robase… estos contrasentidos indican que ese ultrarigorismo estaba en pugna con la realidad como parte de una mente anómala que los sicólogos habrán de estudiar».
Cuando en España el Obispo tras su larga vejez de ineficacia, había caído en un respetuoso olvido, en el extranjero los bucaneros y los filibusteros que ambicionaban las riquezas de América, los holandeses que luchaban por su independencia, y todos los combatientes frente a la contrarreforma católica, levantaron sobre sus hombros al «Reverendo Obispo Don Fray Bartolomé de Las Casas o Casaus» y le dieron una internacional fama de difamación que no tiene otra igual en la historia. La ansiosa apetencia de publicidad que aquejaba al Obispo-fraile podía estar satisfecha».
Este equilibrio entre sus escritos, criticando lo que hay que criticar, alabando lo que es laudable y matizando lo que hay que matizar, nos muestra a las claras que el juicio sobre las realidades temporales nunca puede ser verdadero si un paisaje se pinta solo en blanco y negro. La vida (y la historia) tiene muchos matices; ignorarlos es un crimen contra la verdad.
El Papa Francisco sostiene que los territorios españoles en América eran virreinatos y no simples colonias, defendiendo que España aportó una herencia cultural significativa, como universidades y patrimonios de la humanidad. Sebas argumenta que los españoles destruyeron culturas con la fuerza de sus armas, mientras que Francisco refuta esto señalando el mestizaje y comparándolo con otras colonizaciones europeas, como las de los franceses e ingleses.
Sebas afirma que la motivación de España era obtener oro, mientras que Francisco defiende que la principal razón era la expansión de la fe, destacando la traducción de la Biblia a diversas lenguas indígenas. Al final, Francisco menciona que las mentiras sobre la conquista fueron escritas por otros imperios europeos, años después de los hechos.
El relato describe la situación de la América precolombina como una edad dorada, habitada por indios mansos, sanos y, podemos decir, a la manera lascaciana, carentes de pecado original. Rápidamente digamos al respecto que los apologistas de la Leyenda Negra culpable e intencionadamente niegan que los indios estaban sumergidos en condiciones de vida miserables. El incesto, la sodomía, la prostitución, la desnudez total, la esclavitud, la antropofagia, los sacrificios humanos, el sometimiento de los más fuertes sobre los más débiles, eran prácticas frecuentes en numerosas tribus de América.
Nos parece hipócrita la miopía feminista en este tema, pues acusa de «machista» a la Iglesia, ignorando que le concedió a la mujer una dignidad única, negada por cualquier otro culto, y fue justamente la enseñanza cristiana la que regularizó la condición de las indias y el trato que merecían; nos resulta chocante que quienes supuestamente abogan por la defensa de las mujeres callen de repente y no digan ni una palabra contra el trato que sufrían las indias antes de la llegada de los civilizadores.
Abordemos ahora el tema del tan mentado genocidio español. Heredia, sin ningún tipo de escrúpulos arroja la cifra de cincuenta y seis millones de indios exterminados. Nuevamente se emplea la manipulación de números para desacreditar la Conquista y sensibilizar al público. En realidad, las investigaciones mejor fundadas no admiten semejantes cifras. Esto lo dictan la pasión ideológica y el odio a la hispanidad.
El trabajo de investigación más serio y mejor fundado sobre este tema lo ha realizado Ángel Rosenblat. El autor ha utilizado como elemento de estimación fundamental la posibilidad alimenticia que ofrecía nuestro continente. En su análisis fija para la población americana hacia 1492 el número de trece millones y medio de almas. El mismo estudioso agrega que: «Fuera de la zona agrícola, que se escalonaba en una estrecha franja a lo largo de Los Andes, el Continente era en 1492 una inmensa selva o una estepa». Petrocelli sostiene que Rosenblat fue generoso, como lo atestigua un estudio de la revista Esquiú:
«De acuerdo con la capacidad alimentaria que podía aportar el continente y a las técnicas de cultivo de la época, la totalidad de población de América Latina debe estimarse entre un mínimo de 8 y un máximo de 13 millones. Lo demás forma parte del sombrío delirio antiespañol».
Efectivamente en el siglo XVI se produjo una importante caída demográfica. Rosenblat estima que «hacia 1570 la población aborigen de Iberoamérica había perdido 2.557.850 personas». Según estudios serios el mayor decrecimiento de la población indígena fue causado por las epidemias, por el choque microbiano y viral. Así lo explica Vittorio Messori: «Las enfermedades que los europeos llevaron a América (…) eran desconocidas en el nicho ecológico aislado de los indios, por lo tanto, estos carecían de las defensas inmunológicas para hacerles frente». Otras causas de la merma fueron enfermedades como la escarlatina, el tifus, el sarampión o el paludismo; las insolaciones; la escasez de comida; los excesos de una vida viciosa como la embriaguez o el uso de la coca; la mestización y las guerras. Pero hacer depender todos estos factores de un inexistente exterminio masivo por parte de los españoles es hacerse eco de una descabellada mentira.
Como se ve, nuevamente, los estudios serios echan por tierra las falacias de la Leyenda Negra, en este caso la del, tantas veces repetido, genocidio español.
Los misioneros no solo no suprimieron las lenguas de los nativos, sino que además se esforzaron por aprender los idiomas americanos para facilitar la Evangelización.
Cuando se analizan los hechos del pasado sin prejuicios o tendencias ideológicas, los acontecimientos hablan por sí mismos, la verdad sale a la luz, las pruebas y fuentes históricas echan por tierra las falacias elaboradas por los ideólogos enemigos de la Verdad, y en este caso de la Hispanidad. Y a pesar de que ellos cuenten con numerosas armas y mecanismos para ensuciar la historia, y que, a través de la literatura, la música, lo libros y muchas más herramientas difundan el error, la verdad triunfa, y está allí, esperando a ser descubierta. Es misión del historiador buscarla con ardor, y lo es más del historiador cristiano, ya que cuando se la conoce se aproxima a Aquél que afirmó ser el Camino, la Verdad y la Vida.
¿Por qué nos quieren obligar a tomar partido en la historia, en lugar de entender nuestra historia que tantas lecciones importantes tiene?