Colaboraciones

 

Una historia única, de Angela Pellicciari

 

 

 

19 marzo, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


Angela Pellicciari,
Una historia única.
Editorial: BUENA NUEVA, 2021
ISBN: 978-84-123652-1-4
164 págs.

 

 

 

 

 

De la Virgen del Pilar a la Virgen de Guadalupe hay cerca de siete siglos de historia, pero son siglos densos, durante los cuales España concluyó la reconquista y se descubrió un continente, el Nuevo Mundo, al que la corona española envió tropas, sacerdotes, literatos e intelectuales para conquistarlo, pero para Dios. Es la historia que aclara el último libro de la historiadora Angela Pellicciari titulado Una storia unica (Una Historia Única).

Este libro mira a la historia con ojos diferentes, depurados de las lentes del iluminismo y de la historiografía anticristiana que le seguía. Muchos son los pliegues de la historia para considerar y que no son considerados. Sobre todo, si se hace historia dejando de lado la fe cristiana, sobre todo católica, que empuja a evangelizar y a construir civilización.

En ese sentido, Angela Pellicciari presenta una tesis que va a contracorriente, al señalar que América Latina fue evangelizada porque las expediciones de los conquistadores fueron expediciones de evangelización, liberadoras de pueblos nativos dominados por otras poblaciones sanguinarias; así como el deseo de evangelizar de parte de los reyes católicos, en particular de Isabel de Castilla que deja escrito en su testamento de «no permitir que los indios sean hechos esclavos y sean robados de sus propios bienes. Ordena también reparar los robos que puedan haber sufrido».

Se trata de un aspecto poco conocido de la historia, como poco conocido —pero reconocido por la historia— es el hecho que fueron los dominicos de Salamanca los inventores de los derechos humanos, aplicados para defender a las poblaciones indígenas.

Las expediciones en América no fueron fruto de conquistas políticas, sino instrumento de difusión de la fe.

España es la única nación que ha conseguido reconquistar la libertad después de ocho siglos de dominación musulmana (711-1492). Sin retroceder jamás ni decaer en el ánimo, los españoles disputaron su tierra palmo a palmo a los invasores y triunfaron gracias a la fe del pueblo, de la Iglesia y de la clase dirigente. Lo lograron porque pidieron, y obtuvieron, la ayuda del Cielo.

España es la primera nación que inventó las formas parlamentarias, la primera que dio vida a un estado moderno en cuanto a la eficiencia administrativa y la calidad del sistema educativo, la primera en llevar a cabo, con más de cincuenta años de anticipación sobre el Concilio de Trento, una amplia reforma de la Iglesia.

Aún más: España evangelizó y civilizó un continente entero y en el curso de pocos decenios lo insertó en la tradición greco-romana y cristiana. Un hecho prodigioso, para hacer posible el cual fueron de nuevo necesarias la calidad de los hombres y la ayuda del Cielo.

España, en fin, tiene una historia única porque en plena época de esclavitud defendió, gracias a la extraordinaria personalidad y a la profunda fe de Isabel de Castilla, la libertad de sus súbditos americanos. De todos sus súbditos sin distinción, a pesar de las terribles tradiciones de muchos de ellos, entregados a los sacrificios humanos masivos y al canibalismo. La avaricia, la injusticia y la violencia siempre andan al acecho en todas partes, pero la Corona y la Iglesia españolas hicieron cuanto estuvo en su mano para combatirlas.

Solo una nación, solo España, logró liberarse del dominio musulmán y defender con heroísmo la herencia de la fe, la cultura y la civilización heredada de la época romana.

En 1492 un par de reyes excepcionales, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, completaron la reconquista, anexionaron Granada, transformaron a España en una nación moderna, crearon escuelas y universidades de excelencia, formaron una administración eficiente, implementaron una reforma generalizada de la Iglesia que anticipa el Concilio de Trento en medio siglo y que genera un cuerpo de santos.

Con el descubrimiento de América, los Reyes Católicos —y los españoles todos— proyectaron en el Nuevo Mundo la fe, el heroísmo y la fuerza de su tradición. En nombre de la fe y la cultura, que siempre la sigue, la España católica estudia y documenta todas las lenguas y costumbres de las muchas poblaciones americanas que se encuentran y construyen en América una red de universidades y conventos que insertan todo un continente en el lecho del río de la civilización grecorromana. Se dirá «América Latina».