Colaboraciones

 

Todos los proyectos totalitarios comienzan por socavar las conciencias de sus ciudadanos

 

 

 

25 abril, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

La persona es la única que tiene la capacidad de experimentar en su interior la «voz de la conciencia», esto es, realizar juicios morales, el deber de formarlos adecuadamente y el derecho de vivir conforme a ellos.

Las leyes del Estado no pueden atropellar las conciencias de los ciudadanos y, además, deben salvaguardarlas, máxime cuando, como ha ocurrido en la jurisprudencia del TEDH (Tribunal Europeo de Derechos Humanos), en determinadas circunstancias el obrar en conciencia viene exigido como un deber jurídico.

La libertad de conciencia es un elemento esencial en las democracias actuales.

No cabe hablar de democracia donde falta libertad. La palabra «democracia» se emplea con tanta ligereza hoy día que corremos el riesgo de vaciarla de significado. La democracia (esto en Europa lo tenemos claro desde el fin de la Segunda Guerra mundial) no solo es el principio de la mayoría, ya que su límite son el respeto de los derechos humanos. No en vano, nuestra Constitución declara que los derechos fundamentales tienen un «contenido esencial» que queda al margen de la decisión de las mayorías. ¿Cómo podemos pensar en una sociedad de hombres libres si falta la capacidad de juzgar moralmente las acciones? No es casualidad que todos los proyectos totalitarios comiencen por socavar las conciencias de sus ciudadanos.