Colaboraciones

 

Fray Junípero Serra y las misiones

 

 

 

08 septiembre, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


Junipero Serra.

 

 

 

 

 

El modelo de misiones en la Alta California durante el siglo XVIII, liderado por el fraile franciscano Junípero Serra buscaba la asimilación de las poblaciones indígenas locales (como los tongva, chumash o Ohlone) a la corona española y a la fe católica.

Los indígenas eran agrupados en asentamientos fijos alrededor de la misión. Esto transformó radicalmente su organización social y su relación con el territorio.

Se pasó de una economía basada en la caza, la pesca y la recolección a una basada en la agricultura intensiva y la ganadería. Los nativos aprendieron técnicas europeas de cultivo (como el trigo y la vid) y oficios manuales (carpintería, herrería y tejeduría).

La vida diaria pasó a estar regulada por el calendario católico y los horarios de la misión (marcados por el toque de campanas). Se impuso el aprendizaje del español y las costumbres europeas.

La primera de las misiones fundadas por Junípero Serra fue la de San Diego de Alcalá el 16 de julio de 1769; la misión se encuentra dentro del actual término municipal de San Diego. En 1770 estableció la sede central de la Misión de San Carlos Borromeo de Carmelo.

En julio de 1771 fundó la Misión de San Antonio de Padua y en agosto la de San Gabriel, esta última en la actual área metropolitana de Los Ángeles. El 1 de septiembre de 1772 fundó la Misión de San Luis Obispo de Tolosa. También tuvo participación en la fundación de la Misión de San Juan Capistrano en 1776 y en la de San Buenaventura en 1782. Se sabe que visitó las misiones de Santa Clara de Asís y de San Francisco de Asís, esta última en la localidad de San Francisco.

El religioso franciscano fundó nueve misiones al otro lado del Atlántico y luchó para que la sociedad nativa avanzara. Sin embargo, no hace mucho una estatua erigida en su honor fue decapitada en California.

Junípero Serra, un fraile franciscano que —allá por el siglo XVIII— dejó atrás a su querida España y recorrió casi 10.000 kilómetros en barco hasta México para versar a los nativos en las artes, las ciencias y el comercio.

Otro tanto ocurrió en 2015 cuando, pocas jornadas después de que nuestro protagonista fuese canonizado, unos vándalos derribaron varias de sus esculturas y pintaron sobre su lápida las palabras «Santo del genocidio».

Como explica José A. Sanz en Cruces y flechas consideran que el religioso fue «un carcelero» que «construyó auténticos campos de concentración» y obligó «a los indios a convertirse al catolicismo». Todo falsedades, en palabras del mismo autor: «No hay evidencia alguna para afirmar que, en tiempos de Serra, hubiera conversiones forzadas de indios al catolicismo; no hay evidencia alguna que muestre que Serra fuera personalmente cruel con los indios; durante la presidencia de Serra no hubo tal destrucción de los pueblos indígenas».

Como bien señala Vicedo en su dossier sobre este personaje, Serra permaneció seis meses en el Colegio de Misioneros de San Fernando. Pasado este tiempo dirigió sus pasos hacia la llamada Sierra Gorda (en Querétaro, México). Allí, según Palou, fueron recibidos calurosamente por los nativos de las diferentes misiones. Palabras que acaban radicalmente con la extendida idea de que los indígenas odiaban la labor de los cristianos.

La historia de Junípero Serra nos habla de bondad y de piedad. Así lo demuestra el que fuera beatificado por Juan Pablo II en 1988 y, posteriormente, canonizado por el Papa Francisco allá por 2015. Este último señaló durante una de sus homilías que el misionero había tenido que lidiar con la dura mentalidad de los conquistadores que viajaban hasta el otro lado del mundo.

La «Mexica Movement», defensora de la «liberación americana de los europeos». Esta, a través de uno de sus representantes (Olin Tezcatlipoca) declaró a la cadena CNN que Junípero Serra había «planificado el genocidio». La afirmación es una de las más benévolas, ya que el grupo ha llegado a señalar que el religioso «era un racista que cometió crímenes inmorales y genocidas contra nuestra gente».

El grupo también ha tildado, a lo largo de los últimos años, a las misiones de Serra de ser realmente campos de concentración para los nativos. Una teoría que suscribió posteriormente Andrew Salas (presidente tribal de la nación Kizh) en la cadena BBC: «Eran campos de exterminio para mi gente. Ellos sirvieron de esclavos para erigir algunos de los ejemplos más bellos de la arquitectura del estado de California, que no eran más que una fachada de los insalubres campos de la muerte».

Como describe la académica María Elvira Roca Barea, autora de Imperiofobia y leyenda negra al afirmar que «Junípero solo es el chivo expiatorio; el ataque es contra el mundo hispano en su totalidad, cuyas relaciones con los indígenas eran más fluidas, respetuosas y benignas de las que tuvieron los que vinieron después». Para esta autora, «la polémica perjudica a los millones de hispanos que no se dan por aludidos y eso forma parte de la erosión cultural constante que los deja en una posición de aculturación y de debilidad», afirma la que fuera profesora en la Universidad de Harvard. Ya en 2003 a instancia de intelectuales mexicanos, las Misiones Franciscanas de Sierra Gorda fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Unesco.

Es bien conocida la extraordinaria labor evangelizadora realizada por san Junípero Serra, con la fundación en la Alta California, Arizona y Texas, ayudado por sus hermanos franciscanos, de 21 misiones, algunas de ellas origen de grandes ciudades como Los Ángeles, San Francisco o Sacramento, entre otras. Una labor que ahora cuestiona el nuevo movimiento marxista, indigenista, que alimentado por la Leyenda Negra antiespañola, lanza sombras sobre aquel episodio de nuestra Historia en común.

La labor de Junípero Serra fue de civilización y evangelización al mismo tiempo. Aprendió con gran esfuerzo la lengua de los indios nativos —no impuso la lengua española, como afirman algunos— y se dedicó a ellos.

Esto desmiente a quienes lo ven como un «conquistador» o «colonizador», manipulados por algunos grupos contrarios a la Iglesia católica.

De los indios dijo que «ellos me han robado el corazón», según atestigua Francis F. Guest, OFM (Junípero Serra and his aproach to the Indiana).

Las misiones eran centros religiosos, culturales y administrativos, entre ellas están la de San Carlos de Monterrey, San Francisco origen de la importante ciudad actual, la de San Gabriel que luego se transformó en las ciudad de Los Ángeles, San Diego y Sacramento la actual capital de California.

Los restos mortales de Fray Junípero descansan en la misión que él fundó de San Carlos Borromeo en Monterrey.

Tiene una estatua en el Capitolio: el único no americano. Es un acto de justicia, pues fray Junípero es más conocido en Estados Unidos que en España. Falleció en Monterrey en agosto del año 1784, a los 71 años.

Fue reconocido como santo generación tras generación hasta que Juan Pablo II lo beatificó en el año 1988 en uno de sus viajes a los Estados Unidos y el papa Francisco lo canonizó el 23 de septiembre de 2015 en la ciudad de Washington, como ya se ha dicho.

Pero en Estados Unidos se celebra el 1 de julio.