Sí, es cierto, el fútbol gana con el triunfo de España en el Mundial
Miguel del Río | 27.07.2026
En un país contento se vive mejor, y en el nuestro ya iba siendo hora de llevarnos una gran alegría como la que nos ha dado la Selección Española de Fútbol. Somos campeones de mundo gracias al sentir y hacer como equipo, al talento y esfuerzo. No me resisto a hacer comparaciones sobre lo que seríamos capaces de ser si funcionáramos igual en todo lo demás. Junto a la felicidad que nos hemos llevado nosotros, este Mundial abre otro debate sobre el juego limpio y el comportamiento educado y cortés a la hora de reconocer el éxito del contrario.
El Mundial de Fútbol nos ha dejado encantados de la vida. 15,7 millones de españoles siguieron la final por televisión en lo que quedó ya establecido como nuevo récord de audiencia. Por eso hay que inmortalizar semejante gesta deportiva. Y evocar al tiempo la excepcional unidad que nos ha propiciado este campeonato durante su duración. Sería deseable machacar en adelante esto de la unión, algo que tanta falta hace a un país cada vez más deteriorado en lo político, en lo social, y ya veremos en lo económico. No obstante, alzar la copa de este 2026 FIFA World Cup posibilita que España gane muchos enteros hacia fuera y hacia dentro.
Aun así, este campeonato deja secuelas en algo que cada vez vivimos de manera más generalizada: malas formas, falta de respeto y artimañas. Por un lado, el fútbol puede resultar positivo en lo que sea menester reivindicar. Ya que no lo hacen los ciudadanos, las entidades sociales y los propios sindicatos, alguien ha de llevar al debate activo todo lo que está pasando a nuestro alrededor, sin que nadie parezca inmutarse ante tanto despropósito como vive hoy España.
El Mundial deja no pocos deberes a realizar por FIFA y UEFA, como máximos estamentos en lo futbolístico. Ha habido muchos partidos que han dejado todoque desear en cuanto al juego limpio. Ha faltado llevar a cabo ese juramente que se utiliza al inicio de unos nuevos Juegos Olímpicos. La promesa a la que me refiero se pronunció por vez primera en los Juegos de Amberes de 1920. Dice: «En nombre de todos los competidores, prometo que tomaremos parte en estos Juegos Olímpicos, respetando y acatando las reglas que los gobiernan, con genuino espíritu dedeportivismo, por la gloria del deporte y el honor de nuestros equipos«. Bellas palabras pero que siempre hay que demostrar, algo que en este Mundial no se ha hecho bien.
Muchos equipos, con el juego tan duro y agresivo mostrado, no pueden hacer gala de estas premisas. Y es aquí donde ha entrado España, con su gran selección, en una demostración continuada de hacer las cosas como es debido. Desde dar la sensación de equipo que se lleva muy bien (esto es lo que nos ha hecho ganar), un entrenador querido y respetado, el comportamiento en el terreno de juego y fuera de él, a la felicitación al rival, y cumplir los protocolos de entrega de premios, e incluso andarse con tiento en las declaraciones, ya que un torneo como este acarrea encender fuegos constantes, para mantener al aficionado en vilo, y favorecer de paso audiencias.
Ha habido muchas imágenes que no me ha gustado ver. La que más rechazo es la del equipo albiceleste dando la espalda al combinado español mientras alzaba la copa, salvo Messi (para mí el mejor jugador de todos los tiempos). El mal perder siempre ha existido, pero es otra de las cuestiones que empeoran en este siglo, en el que es difícil explicar y entender el gran retroceso respecto a mostrar sencillamente educación.
Este ha sido un grandísimo torneo. Aunque la UEFA se lo tiene que hacer mirar, y su presidente, el tan criticado Infantino, comportarse en todo momento como es menester. Las intromisiones políticas en las decisiones arbitrales son intolerables, y no deben caer en el olvido las llamadas desde despachos del poder para que una tarjeta roja sea obviada. Si dejamos de confiar también en la honestidad y honorabilidad dentro del mundo deportivo, cada vez nos quedará menos en lo que creer. No, en este Campeonato del Mundo de Fútbol no todo se ha hecho debidamente. Incluso los árbitros deben organizar un retiro para hablar de lo que es hacerse respetar dentro del terreno de juego. No puede haber tibieza en tarjetas o expulsiones, cuando alguien de un equipo demuestra un comportamiento soez, agresivo, provocador y, por supuesto, antideportivo.
Ya es tarde para que la prensa provocadora se lo haga también mirar. Que los principales medios británicos se alegren de que Argentina quedara eliminada por España no es para celebrarlo utilizando términos e insultos que sobran. Son muchos los niños que hoy practican su deporte favorito, y que un día aspiran a ser campeones. Hay que serlo a lo Nadal, Luis de la Fuente, Vicente del Bosque, Andrés Iniesta, Fernando Alonso, Carolina Marín, Pau Gasol, Marc Marquez, Alexia Putellas o Aitana Bonmatí, entre otros.
Mi alegría por el triunfo de España tiene un doble componente, el deportivo y el de haber ganado con estilo, magnífico juego, sin patadas, zancadillas o empujones. Dos millones de españoles recibieron a la selección en su regreso a un país que les adora y magnifica. En su camino imparable hacia la final no ha habido fisuras dentro de ninguna autonomía. Como debe ser. Todos hemos estado con el equipo y sus jugadores. De tan contundente ejemplo, lo que nos queda es trasladar esta forma de actuar hacia la necesaria concordia nacional que tanto necesitamos ahora.
Miguel del Río